Archivos para 13/11/11

13
nov
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El retorno de los brujos

Desde la distancia observo no sin preocupación las elecciones que se nos vienen encima y en las que no podré participar. Las encuestas -que pienso que deberían estar prohibidas por ley con pena ineludible de 20 años de cárcel- indican que regresa al Gobierno el PP. No soy de los alarmistas que agitan la bandera del miedo. El PSOE no lo ha querido hacer bien, así de sencillo. Ha tenido tiempo de sobra para hacer y deshacer todo aquello que ahora promete cumplir de verdad. Lo siento, señores del PSOE, la ciudadanía ya no les cree.

Me preocupa aun más lo que está por venir. Soy de los que opina que, por muy mal que lo ha hecho el PSOE (y lo ha hecho muy mal), se le achaca una culpa mayor de la que realmente tiene. “La economía no la hacen los Gobiernos, la hacen las empresas“, lo cual es probáblemente en lo único que el señor Berlusconi y un servidor vamos a estar alguna vez de acuerdo. Al menos en lo que a una economía de libre mercado se refiere. Así que mucho me temo que, por mucho que cambie el Gobierno, mientras que España se siga invirtiendo para conseguir el máximo beneficio al más corto plazo, no conseguiremos salir del fondo del pozo, a pesar de las milagrosas medidas que tan bien se guarda de desvelar el señor Rajoy.

Como decía, me preocupa mucho lo que está por venir. No sólo por la situación económica, sino por lo que implica la nueva situación política y en especial la situación social. Por primera vez en nuestra democracia, un partido tiene todas las de ganar unas elecciones sin un programa claro. El PP se ha limitado a poner sobre la palestra los (a su juicio) defectos del ejecutivo socialista, sin presentar ni una sola alternativa creíble (ni increíble). ¿Qué piensa hacer Mariano Rajoy a partir del 21 de noviembre? Es un misterio.

La cuestión que me molesta la resumió a la perfección Ignacio Escolar en este artículo hace unas semanas. Y es que hemos llegado a tal grado de degradación democrática que los políticos prefieren callar sus posturas para no perder votos.

A ver si nos aclaramos. Esta “democracia” asienta su representatividad y su legitimidad en la idea de que yo voto a una lista (cerrada) de personas –lista confeccionada por el partido por el que se presentan–, porque son ellos los que recojen mi sentir y mi opinión. Es de puro sentido común que yo tendré que conocer las opiniones y las ideas de esas personas. ¿Cómo voy a decidir, si no? Pues ahora resulta que no, que los políticos se guardan muy bien de hablar claro, de decir lo que realmente opinan. No vaya ser que los votantes se enteren de lo que de verdad piensan.

Que el PP haya hecho bandera del silencio como programa electoral es aterrador. Me dan miedo esos votantes capaces de firmar tal cheque en blanco, el de su futuro inmediato durante los siguientes cuatro años. Me aterra pensar en la mentalidad de quien traga semejante rueda de molino. Me recuerda a cierto comportamiento que se dió en España durante cuarenta años. Déjennos a nosotros y no se metan, que ustedes de esto no tienen ni idea.

Sacan a la calle la bandera nacional como si fuera suya, de su partido. Señalan y se burlan de quien es diferente o piensa de forma distinta. Claman con orgullo que a ellos no los manipula nadie, pero curiosamente todos sus argumentos vienen pregonados por ciertos medios. Desprecian la inteligencia y la cultura. Se declaran cristianos, pero no pisan las iglesias fuera de bodas, bautizos, comuniones o funerales. Para ellos la caridad cristiana no es universal, sino sólo para los que son como ellos. Son los españolitos: acomplejados, ignorantes, apegados a un odio que les sale de las entrañas, siempre dispuestos a tirar una piedra, azuzados por los lacayos de los poderosos. Ese sentimiento celtíbero mesetero de que somos una mierda, de que no tenemos remedio, de que España se ha convertido en el patio de una prisión en la que el que menos navajazos lance es idiota. Esa mala baba de quien llama imbécil a cualquiera que quiera creer que las cosas pueden cambiar, que es posible hacerlo mejor, que si nos unimos todos, conseguimos lo que sea. Son esos que comparten la idea de que ser español es un pecado original con el que hay que morir orgulloso.

El españolito está permanentemente cabreado. Tiene una úlcera perenne. No le da la gana de hacer el esfuerzo de humildad y de inteligencia que supone reconocer que tal vez haya otras maneras de hacer las cosas, de que puede que lleve toda la vida equivocado. Prefiere morir en su error, reconfortado por el calor del estiércol en el que está sumido, a salir fuera de él, lavarse en agua fría y comprobar que más allá de la pocilga de su ideario existe aire fresco. Cambiar de opinión, además de hacerle pasar por la humillante experiencia de reconocer que lleva toda la vida equivocado, supone pensar, razonar, escuchar lo que los otros tienen que decir.

El españolito no es que sea tonto. Es españolito es un vago mental. Es un cateto, y no porque sea ignorante (que es algo con lo que todos venimos de serie), sino porque no tiene ganas de hacer el esfuerzo mental que supone razonar, pensar, escuchar sin prejuicios y contrastar opiniones. Le han metido en lo más profundo de su cabeza ese complejo de cateto y de ignorante que lo ciega. Lo han amamantado con fútbol y toros, con procesiones y misas. Mataron su curiosidad infantil a base de “porque sí”. Anularon su voluntad y sus ansias de cambiar las cosas a golpe de “porque me da la gana”. Y a fuerza de no usar la cabeza más que para envidiar y criticar, se olvidó de razonar y se cerró. Primero los padres, después el cura, los maestros y por fin el partido. La marea de los españolitos, acomplejados en su ignorancia y su debilidad mental, se unen bajo la bandera y la cruz. Obcecación de casta, de rebaño, de tribu. Esa entelequia llamada España, que para ellos significa que si no eres uno de ellos, no eres español. Confunden ser español con ser españolito. Y a los que no son españolitos hay que echarlos de España. Por eso llevan siete años y medio de úlcera.

El españolito no quiere reconocer que ha escogido el camino fácil, que lleva toda la vida siendo un vago mental, que no tiene cojones de sentarse a pensar, a razonar sin prejuicios, a revisar aquello que conforma su universo personal. No tiene cojones de abrir su mente, de afrontar su ignorancia y de pelear contra ella. Porque eso significaría reconocer que él es el responsable de su situación. El único responsable de que las cosas le vayan como le van. El único responsable de su situación en el trabajo, con su familia, de su sueldo, de su hipoteca, de su salud… Un españolito ha hecho siempre lo que le han mandao, así que si las cosas van como van es o porque las cosas son así, o porque el que manda lo ha hecho mal. Un españolito no quiere, no le da la puta gana de asumir que puede llevar toda la vida equivocado. Y si hay que demostrarle a los socialistas que ellos, los españolitos, son los que tienen razón, pues se pasa uno ocho años cabreado, con la úlcera comiéndole por dentro. Porque permitir que los rojos hagan las cosas bien sería como reconocer que uno lleva toda la vida equivocado. Y si de repente se derrumban todas sus creencias, el españolito tiene que hacer el esfuerzo mental de reconstruir un universo personal. Tiene que pensar, recapacitar, dialogar. Y lo que es peor, lo que más le humilla, lo que más le cuesta en el mundo al españolito: reconocer que estaba equivocado. Reconocer que no tenía razón.

Me da terror una ciudadanía así. Y pena. Mucha pena. Porque lo peor de todo es que, como dije antes, el PP tampoco tiene ninguna varita mágica. La economía la hacen las empresas, no los gobiernos, ¿recuerdas? Y las empresas españolas no saben generar riqueza sin explotar al empleado ni al cliente. O sea, a la ciudadanía. Para crear riqueza de verdad, en un modelo de libre mercado, hay que tener visión de largo plazo. Hay que invertir pensando en la rentabilidad a largo plazo, no en la inmediata. Crear riqueza no es pegar un pelotazo.

¿Qué imagen puede tener de ti alguien que piensa que es mejor que desconozcas su programa electoral, y que aun así le debes votar? Su idea de democracia es la de pasar un trámite: que les des carta blanca. “Tú de estas cosas no entiendes, así que mejor que no te metas en nada. Tú déjame a mí, que yo de esto entiendo.” Piensan que sigues siendo un catetito español, que no das para más, que mejor que no piense ni opine. Y por si acaso sí que piensas, mejor no decirte lo que de verdad van a hacer cuando ganen.

A veces me dan ganas de gritarle al españolito el famoso grito de Clinton de “¡Es la economía, idiota!”. Porque el españolito, en su ignorancia y en su fe inquebrantable en el partido es incapaz de ver lo obvio: que el Partido Popular trae las mismas medidas neoliberales que nos han traído a esta situación. Las mismas medidas neoliberales que no sólo son el origen de la crisis, sino que nos están impidiendo retomar la senda del crecimiento. En ese credo que profesan de que los recortes y la austeridad son los únicos caminos hacia la recuperación económica, insisten en no ver lo que para la otros es obvio: que después de tres años de austeridad, recortes, medidas draconianas y mantras neoliberales, ninguna de las economías que las aplicaron han levantado cabeza, e incluso muestran preocupantes síntomas a volver a caer. Insisten en hacernos olvidar que existen otros caminos, como el seguido por Islandia). ¿Hasta cuándo van a seguir los fieles creyentes del PP pensando que la recuperación vendrá a base de recortes y privatizaciones? ¿Cuándo se darán cuenta del tremendo error que están cometiendo? ¡Es la economía, idiotas, y no la Guerra Civil!

Las encuestas dan una amplia mayoría absoluta al PP para el 20N. Pero también deparan sorpresas, como la de que aun hay un 23% de indecisos (o que prefieren no declarar su voto). Eso da alas aun a la esperanza (con minúscula). Quiero llamar la atención sobre esta genial iniciativa: se trata de #AritmEtica20N. La idea es simple: según la Ley Electoral, gracias al sistema D’Hont y a las circunscripciones electorales por provincias, se dan severos desajustes entre proporcionalidad de votos obtenidos y número de escaños asignados. De esto se benefician especialmente el PP, el PSOE y CiU. Una de las mayores reivindicaciones del movimiento 15M es precisamente el cambio de la Ley Electoral para que el proceso electoral sea más representativo.

Como era de esperar, PP y PSOE hacen oídos sordos al clamor por el cambio de la ley electoral para hacerla más representativa, así como también al grueso de las otras reivindicaciones del movimiento 15M. Unos simpatizantes de este movimiento han hecho cuentas circunscripción por circunscripción. Se han basando en los resultados electorales del 2008, de las elecciones municipales de 2011 y de la encuesta de intención de voto del CIS de octubre. Han calculado qué partido habría que votar en cada circunscripción y en qué porcentaje para que el voto disperso (ése que no consigue ningún escaño) se materialice en un voto de castigo para estas tres fuerzas (PSOE, PP y CiU). Aquí puedes encontrar la tabla en la que se resumen los datos, y la fuerza o fuerzas a las que se debería votar para dar la vuelta a las encuestas.


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Dado que en la mayoría de circunscripciones es IU la fuerza más plausible, me permito la licencia de dejar aquí un enlace a su programa electoral. Para los que no quieran leer tanto, enlazo aquí un buen resumen del mismo.

Yo lo tengo claro: si Merkel y Sarkozy quieren gobernarnos (a base de reforma constitucional y recortes), que se presenten a nuestras elecciones. Puede que por eso Rajoy no haya desvelado su programa. Puede que no sea para asustar a los electores (especialmente a los desencantados con el PSOE). Puede que él mismo no sepa aun qué le va a pedir Merkel que haga. Yo por mi parte, ya puestos a que nos gobiernen desde fuera, prefiero que lo hagan los noruegos.




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