27
May
06

Cuando no quedan ilusiones por las que luchar.

Hay veces que la vida decide putearnos. Hay periodos en
los que cuesta volver a levantarse, después de tantas caídas. En
ocasiones parece que el destino ha decidido pasar el rato puteándote,
divertirse viéndote caer una y otra vez. Puede que pases una racha en
la que todo sale mal, en la que el ánimo está por los suelos, en la que
los sueños se pudren día a día y la ilusión se desvanece como el humo
en el aire. Puede ser por un hecho circunstancial, un sólo momento que
marca un antes y un después en tu ánimo de esos días. Puede ser un
largo hastío que llena tu existencia desde hace tiempo y que ya no
puedes soportar más. Por algo la palabra "crisis" significa
etimológicamente "cambio".

La vida cambia. "Panta rei" ("Todo cambia"), como dijo el Oscuro de
Éfeso. Y es que nada permanece, excepto el cambio. La vida es cambio, y
ante el cambio hay que adaptarse o morir. Tal vez en nuestro viaje sólo
podamos llevar encima aquello que estemos dispuestos a abandonar de
manera inmediata.

El dolor es parte fundamental de la vida. Sin dolor no se aprecia la
felicidad. Sin dolor es difícil aprender. Para levantarse hay antes que
haberse caído. Qué más da que te hayan empujado o que poco a poco te
hayas ido hundiendo.

Cuenta la tradición que Heráclito sufría de hidropesía, y que se metió
en mierda hasta la nariz durante tres días para curarse. En "Rayuela",
Oracio Oliveira hace la misma reflexión que ahora me hago yo, que tal
vez la mayor revelación del Oscuro de Éfeso no fuera el "todo cambia",
sino el hecho de meterse en mierda hasta la nariz. Tal vez todos
estemos de mierda hasta la nariz.

"Todo cambia, nada permanece". La vida como constante movimiento,
porque no hay nada más permanente que la muerte. Ante la Revolución
sólo cabe ser un héroe o un traidor. Ante la Caída de los dioses sólo
cabe morir con ellos o escoger sobrevivir.

Schiller, en su "Oda a la Alegría", clama "Freudig, wie ein Held zum
Siegen" ("Alegres, como el héroe hacia la victoria"). Yo siempre
suprimo el "Freudig" ("alegres"), porque ningún héroe se enfrenta
alegre a la victoria, sino temeroso.

El miedo es el segundo sentimiento más poderoso que puede sentir
alguien. El miedo te puede paralizar, te puede hacer renunciar a todo,
te puede controlar. El miedo determina nuestras acciones, nuestro
comportamiento, nuestra manera de enfrentarnos a la vida, al cambio, a
la Crisis. El miedo es poderoso. Muy poderoso.

Sólo hay algo más poderoso que el miedo: el valor. La capacidad de
superar el miedo. Los valientes, los héroes, no son aquellos que no
sienten miedo. Aquél que no siente miedo es un temerario, no un
valiente. Aquél que no siente miedo es un Aquiles de la vida,
arrastrando el cadáver de Hector por la explanada troyana. El verdadero
valiente sabe tan bien lo que es el miedo como el cobarde. El héroe
conoce el miedo, porque lo siente igual que el que se deja dominar por
él. El valor no es ausencia de miedo, sino la capacidad de controlar
tus acciones a pesar del miedo.

Ante la Crisis sólo caben dos opciones: rendirse o morir luchando.
Quien se rinde es como si hubiera muerto, pues ya nada volverá a ser
como antes. Quien se aferra al pasado nunca podrá volver a disfrutar
del presente, y por lo tanto nunca tendrá un futuro. El que elige morir
luchando, ése es el héroe. Y todos somos héroes de lo cotidiano. Quien
decide morir luchando no confía en sobrevivir, pero sabe que no puede
hacer otra cosa. Quien se enfrenta a la Crisis con valor sabe que la
Crisis lo va a cambiar, pero también sabe que si se doblega, aunque
sobreviva, dejará de ser él mismo. Respeto a quien se rinde. Es su
opción, y no todo el mundo está preparado para luchar. Hay quien está
ya cansado de tanto luchar, de tantas batallas perdidas, de tanto
hastío. Pero yo no soy así.

"No hay primavera para nosotros. Tan sólo la brisa fresca antes de la
tormenta", dice Conan en "Conan, el Bárbaro", justo antes de una
batalla. Y tiene razón. Hay gente para la que nunca hay primavera. Hay
gente para la que tan sólo existe el luchar o el rendirse, pero no el
triunfar. El héroe no va alegre hacia la victoria. Va temeroso, va
resignado ante su destino. Camina hacia la batalla, sin saber si será
derrotado, si morirá luchando o si acaso consiga triunfar. La victoria
es algo que ocurre a posteriori. Sólo aquél que nunca ha luchado piensa
que el valor es no sentir miedo. Sólo aquél que nunca ha mirado al
abismo piensa que el héroe nunca ha temido ("Y no olvides que cuando
miras al abismo, el abismo te devolverá su mirada", Nietzsche).

Durante el invierno, un árbol está como muerto, sin hojas, sólo el
tronco y las ramas desnudas. Indefenso ante el frío, ante el viento,
ante la lluvia. Los días pasan uno tras otro, fríos, duros. Sin hojas,
sin flores… Como muerto. Pero un día, sin esperarlo, la primavera le
llega. Y el calor hace brotar en él las hojas y las flores, y las
flores dan frutos. Uno puede pensar que nunca va a volver la primavera,
pero eso sólo el destino lo sabe.

Heráclito se metió en mierda hasta la nariz. Tres días permaneció allí,
casi sumergido. Podría haberse ahogado allí. Podría haberse rendido y
salirse antes de tiempo, pensando en rendirse y en abandonarse a la
hidropesía. Pero decidió aguantar. Luchó. Porque sabía que nada
permanece, que todo cambia, y que cuando se levantara de la mierda
saldría mejor que como entró.

Vuelvo a citar a Nietzsche, el campeón de la supervivencia: "Aquello que no me mata, me hace más fuerte".

A veces hay periodos insoportables en nuestras vidas. A veces carecemos
de ilusiones, de ganas de vivir, vemos como nuestros sueños se deshacen
en cenizas. A veces no tenemos ni fuerzas para buscar nuevos sueños. El
aburrimiento y el hastío se apoderan de nuestras vidas, y no hay peor
enemigo del hombre que el aburrimiento prolongado, porque descubre cómo
está desperdiciando su vida.

A veces el mundo parece demasiado para uno, la vida se hace
insoportable, aparece la Crisis, y todo se desmorona. A veces uno
quisiera no estar vivo.

Sólo caben dos posibilidades: la renuncia o la lucha. Respeto
profundamente a los que deciden renunciar. Pero yo sólo espero ya morir
luchando.

Puede que el Infierno esté lleno de héroes, pero seguro que no hay cobardes en el Paraíso.

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2 Responses to “Cuando no quedan ilusiones por las que luchar.”


  1. 1 marraskilo
    29 mayo 2006 en 1:43 pm

    muy bueno, salvo una cosa,no estoy deacuerdo en ke el valor sea la fuerza despues del miedo,  yo pondria el amor, Por amor puedes hacer cualkier cosa, por amor a una persona, puedes renunciar a todo,  por amor a unas ideas puedes renunciar a todo…  y asi podriamos seguir. Por tanto de poco vale el valor sino tienes unas fuertes convicciones tras el

  2. 2 Rafa
    11 junio 2006 en 4:05 am

    Mmm… cierto, el hastío nos invade a veces.  Pero todavía queda la esperanza de saber que algún día habrá una batalla, y quizás una victoria.  Ya lo decía Conan: "lo mejor de la vida es aplastar a tus enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres".
     
    Valor.


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