20
Dic
07

Elegir en qué guerra quiero morir.

A veces perder una batalla significa perder la guerra, morir. Hay días que uno sabe que han de llegar, que están ahí, que se aproximan inexorablemente, pero que pretendemos ignorar, como si de nuestra voluntad dependiera lo que tenga que ocurrir. Hay situaciones a las que estamos avocados, situaciones que sabemos que van a ocurrir, que luchamos por evitar, pero que finalmente ocurren.
 
En la vida hay momentos en los que ya no sale el sol, en los que todo se ve en blanco y negro, frío, como el susurro del viento nocturno entre los árboles. Hay momentos que llegan y te dejan muerto, te sientes inerte, sin fuerzas, sin energías. Te sientes derrotado, hundido, aniquilado. Has perdido una batalla, que significa mucho más que una simple batalla. Has perdido tu guerra.
 
Pero uno sigue vivo. Sigue vivo y con el tiempo recupera la dignidad. Y tras la dignidad, uno recupera la energía, y tras la energía, la risa. Entonces, sólo entonces, uno descubre que pudo haber perdido la guerra, pero no la vida. Uno descubre que el dolor es el mejor de los maestros, y que aquello que no te mata, te hace más fuerte. Uno comprende que hay guerras que no merecen la pena ser luchadas, y que sólo puede sacrificarse una vez. El vencedor es el que gana la guerra, pero el que sobrevive vencido gana dos veces. El vencedor pudo ser más fuerte en un momento en concreto, o pudo tener suerte en el momento adecuado. Pero el vencido que sobrevive es más fuerte, precisamente porque sobrevive vencido. El vencedor puede que piense que es poderoso, que se deje llevar por la ambición y pretenda conquistar el mundo, puede que sus ansias de poder no tengan límites hasta que alguien lo derrota y le para los piés. El vencido, sin embargo, aprende que en la vida lo importante es eso, vivir. Que la ambición y el poder, el triunfo, son las mieles de los infelices, de los que no conocen realmente la vida. El vencido aprende que vivir es mucho más importante que ganar, que hay que estar realmente desesperado para arriesgar la vida, y que la risa del que ha sido vencido es mucho más poderosa que el poder y la ambición del que se cree invencible.
 
Hay batallas que te matan, que hacen que pierdas la guerra y la vida. Hoy he perdido una, y me he encontrado con quien me venció en otra. Hoy me siento como el vencido que ha aprendido la mayor de las lecciones, aquella que no han aprendido sus vencedores. Ese conocimiento, de alguna manera, me pone por encima de ellos. Yo ya sé que no quiero elegir ninguna guerra en la que morir. Yo ya sé que ninguna guerra merece la pena. Hoy he perdido una batalla, pero he aprendido que la vida es mucho más que cualquier guerra.
 
Nadie podrá jamás volver a robarme la risa.

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1 Response to “Elegir en qué guerra quiero morir.”


  1. 1 Rafa
    20 diciembre 2007 en 3:25 am

    Aquellos que necesitan quedar por encima de otros para sentirse ganadores no merecen que les dediques ni una sola de tus palabras, ni siquiera el más efímero y nimio de tus pensamientos.
     
    Luchar es lo único que tiene sentido.


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