24
Ene
09

Un nuevo amanecer (II)

He hecho un pequeño descubrimiento. Es sólo una sencilla consecuencia de mis últimas lecturas. Lo expongo a continuación:

Según el principio de selecció natural, los mejores adaptados al medio son los que sobreviven y tienen descendencia. Eso significa, entre otras cosas, que todos los seres vivos de este planeta son el resultado de un selectivísimo proceso, en el que se ha ido dejando atrás todo aquello que no se adaptaba lo suficientemente bien al medio. Desde la más simple ameba hasta cualquier ser humano vivo, todos y cada uno de los seres vivo de este planeta son el resultado de decenas de miles de años de evolución. Cada uno de los seres vivos actuales es el descendiente de una larguísima cadena de perfeccionamiento que nos une directamente con la primera célula viva. Cada uno de nosotros, cada ser vivo, es el último modelo de un extremadamente duro proceso de selección y perfeccionamiento. Somos -desde la más simple ameba hasta cada uno de los seres humanos de este planeta- seres casi perfectos.

Lo que digo se aplica, repito, tanto para nosotros los humanos como para cualquier otro ser vivo. En ese sentido, no somos distintos del resto de seres vivos. Todos se han adaptado al medio tan bien como nosotros. Incluso la mayoría de las especies nos lleva una ventaja evolutiva, como especie, de cientos o incluso miles de millones de años. Pero nuestra especie, este prototipo particular, sí que tiene algo especial. Somos la única especie que no se conforma con adaptarse al medio de manera natural, sino que también lo hace usando su inteligencia y su esfuerzo. En cierto sentido, somos la única especie que además de adaptarse al medio, también adapta el medio a sus necesidades.

Desde Darwin se ha puesto en tela de juicio si realmente somos una especie especial, tocada de la mano de Dios, o sólo una especie más en nuestro planeta. Creo que después de manifestar esta idea no cabe ya la menor duda: somos especiales. Tenemos un mecanismo de adaptación que nos permite modificar el medio para poder sobrevivir en él sin tener que pasar por la selección natural. Se la hemos jugado a la Naturaleza. Somos la única especie capaz de hacer esto. Así que, desde el punto de vista estrictamente evolutivo, la especie humana es la más perfecta de cuantas han existido hasta el momento, pues es la única capaz de adaptar las circunstancias que lo rodean para sobrevivir en medios en los que no le es posible sobrevivir en condiciones naturales. En la Evolución no existe la perfección, pero el género humano es, sin duda, el que más cerca está de conseguirla.

Ahora consideremos ambas ideas juntas. Cada ser humano vivo es, pues, el resultado de un proceso de selección extremadamente exigente, y a la vez pertenece a la especie más perfecta que ha dado nuestro planeta. Cada uno de nosotros somos los descendientes de sólo los mejores entre los mejores, en la mejor especie del planeta. Durante el último medio millón de años, através de distintas especies realmente, los homínidos hemos ido, generación tras generación, dejando atrás aquello que no era exactamente lo mejor para nuestra supervivencia. Eso ha ocurrido incluso cuando el medio ha cambiado. Así que tú, lector, como yo y como el resto de los seres humanos, de cada uno de los seres humanos, es al menos tan perfecto como cualquiera de nuestros antepasados. Somos los herederos biológicos de sólo los mejores. Somos la flor y la nata de la mejor especie que ha sabido dar este planeta hasta ahora. Somos casi perfectos.

Alégrate, hermano, porque estamos vivos. Y eso significa que somos más valiosos incluso que los diamantes. Somos como enormes diamantes vivos. Somos los mejores entre los mejores.

Pero no te duermas en los laureles, hermano. Somos como diamantes, pero cada uno de nosotros es un diamante en bruto, y un diamante en bruto es sólo la materia prima. Estamos hechos de la mejor materia prima del planeta, de la mejor madera. Pero el diamante no es el brillante. Es necesario tallarse, pulirse y trabajarse para obtener una joya, una obra de arte. Tanto física como intelectualmente, cada uno de nosotros puede tallarse, modelarse, perfilarse.

Puedes abandonarte y permitir que el diamante ruede, rompiéndose, perdiendo calidad, llenándose de impurezas. Puedes permitir que tu cuerpo se anquilose, engorde, se llene de toxinas, de humo, de un sin fin de sustancias que sólo van a hacerlo funcionar cada vez peor. Puedes permitir que tus músculos se atrofien, se encojan, se vuelvan lentos, débiles, se hagan torpes. Puedes desperdiciar tu inteligencia, tu capacidad de aprender, tu capacidad de pensar y de idear cómo modificar aquello que te rodea para hacerlo más adecuado a ti mismo. Puedes, si quieres, ignorar el conocimiento acumulado por todos los que te precedieron, la inmensa cantidad de sabiduría que nos ha llevado a ser lo que somos. Puedes perfectamente abandonarte a la estupidez y la ignorancia, llenar tu cerebro de basura, usarlo sólo para decir tonterías… Pero no olvides que la selección natural sigue su curso, y que alguien así no le interesa a la Naturaleza. Estás condenado a la extinción. Eres carne de cañón de los depredadores.

He escuchado diversas opiniones que dicen que estamos pervirtiendo nuestra evolución como especie. Que la medicina, las tecnologías, el progreso y todo lo que nuestra cultura ha conseguido hacer, nos está haciendo más débiles, menos inmunes. Dicen algunos que eso significa un paso atrás en la evolución, una involución. Es una opinión, y como tal la respeto, y la tengo presente. Aunque tengo un par de cosas que decir al respecto:

La primera es que la cultura humana tienes unos 10.000 años desde que, en el mejor de los casos, entró en el neolítico (aparición de la agricultura y la ganadería), 5.500 desde que entró, en el mejor de los casos, en la edad de los metales (trabajo del cobre), 4.000 años desde que se comenzó a escribir, y apenas entre 2 y 3 siglos desde que las revoluciones sociales europeas y los avances científicos trajeron poco a poco cambios sustanciales en las condiciones reales de vida de buena parte de la población (cambios que, por otro lado, siguen vedados económicamente para la mayor parte de la población actual). Estamos pues hablando de periodos de tiempo extremadamente pequeños en términos evolutivos. El género homo tiene alrededor de dos millones y medio de años, y nuestra especie comenzó a evolucionar realmente hace entre 100.000 y 300.000 años. Estamos pues hablando de la influencia que han podido tener relamente las últimas diez o veinte generaciones en un proceso de selección en el que la evolución ya se encargó de eliminar anteriormente a aquello que no se adaptaba mucho tiempo antes. ¿Qué son diez generaciones frente al entre medio millón y millón y medio de generaciones que antes han ido realizando ese proceso de selección…?

La segunda cuestión que me gustaría poner de manifiesto es cuál es el verdadero sentido de la selección natural. Hay quien piensa que se trata de un camino prefigurado que nos lleva hacia la perfección. Es como si existiera una inteligencia superior guiando el proceso, con una determinada intención prefigurada. No quiero entrar en este debate con connotaciones tan cláramente religiosas. Pero, ateniéndonos a lo que la Teoría de la Evolución dice, sin salirnos de ella, la interpretación no es exactamente esa. Lo que dice el principio de selección natural es que, de entre todos los individuos de una población, en un momento dado, sobreviven y se reproducen aquellos que mejor se adaptan al medio en el que viven. Eso implica varias cosas. La primera es que la Evolución no tiene un camino prefigurado -al menos no de manera distinta al que las Leyes de la Naturaleza tiene prefigurado de antemano, desde un punto de vista científico determinista-, sino que dependiendo de las condiciones ambientales y del material genético de una población concreta, tomará unos derroteros u otros. Otra cosa que implica ese principio es que, en nuestra situación particular actual, los mejores adaptados a nuestro medio serán los que marquen la pauta evolutiva.

¿Significa eso que seremos más débiles, menos inmunes? No necesariamente. Significa que poseemos una herramienta, la medicina, que nos permite evolucionar sin tener en cuenta demasiado algo que hasta ahora había sido propio del medio natural: nuestra exposición a las enfermedades. Hasta ahora ese había sido un factor determinante en el proceso evolutivo. Ahora, gracias a nuestra inteligencia, nuestro esfuerzo y nuestro conocimiento, hemos logrado eliminar ese factor de la evolución, o al menos suavizarlo.

La selección natural sigue adelante, pero de manera distinta a como lo ha hecho hasta ahora. El medio ha cambiado, pero nuestros genes aun no lo saben. Para nuestros genes, seguimos siendo tribus de pocos individuos nómadas en busca de caza y frutas. Pero la realidad es que nuestro medio es una sociedad completamente organizada. ¿Cómo funcionará entonces la selección natural?

Exactamente de la misma manera que lo ha hecho hasta ahora: el mejor adaptado al medio es el que más posibilidades de supervivencia y reproducción tiene.

¿Por qué tenemos todos unas ideas prefiguradas sobre lo que es triunfar en esta vida? ¿Es un producto cultural, o acaso no será precisamente la manera que tiene nuestra naturaleza de considerar quién está mejor adaptado al medio?

Recuerdalo, hermano. Tu trabajo, tu esfuerzo, tu ambición, tus ganas de ser algo, tu disposición a trabajar por conseguirlo, eso es exactamente lo que tu naturaleza te pide. Eso es tallar tu diamante, hacerte a ti mismo. A eso nos llama la selección natural. Puedes olvidarlo todo y abandonarte, no querer mejorar, pensar que basta con tener la mejor materia prima. Pero yo te digo que eso no es suficiente. La felicidad no es otra cosa que la manera en que nuestra naturaleza avalua nuestro posibilidad de sobrevivir y reproducirnos, y nuestra naturaleza nos pide algo muy concreto: perfecciónate, consigue lo mejor de ti mismo, modélate, tállate.

Supérate a ti mismo. En el proceso, serás feliz.

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1 Response to “Un nuevo amanecer (II)”


  1. 1 Rafa
    25 enero 2009 en 12:51 am

    Mmm…Ya llevo un tiempo dándole vueltas a ese asunto, así que lo que voy a escribir a continuación no es fruto de la improvisación, si no de un largo proceso de reflexión. Para empezar la selección natural YA NO EXISTE en el ser humano. Y se demuestra muy fácilmente, contestando a la siguiente pregunta: ¿los menos aptos al medio tienen menos posibilidades de reproducirse? Obviamente no. Hemos llegado a un punto en el que prácticamente cualquiera tiene la oportunidad de contar con descendencia.Eso nos lleva a una doble pregunta: ¿quienes son los más adaptados al medio? ¿y los menos adaptados? La respuesta es difícil. Si estuviéramos en el medievo los más adaptados serían los más fuertes, los que pudieran aguantar con más posibilidades de éxito las épocas de hambruna, las plagas, las guerras… la adaptación sería una cuestión de fortaleza física. En la actualidad no es necesario ser fuerte para sobrevivir, ya que la nuestra es una sociedad más bien "pasiva". Alguien podría decir que ahora los más adaptados son los más inteligentes, ya que esta es la sociedad del conocimiento pero… ¿realmente es así? Una mente privilegiada no otorga directamente una posibilidad mayor de reproducirse, ni siquiera te ayuda a seleccionar una buena pareja que intervenga en la crianza de tu prole.Otros pueden pensar que, ya que vivimos en un mundo gobernado por un invento humano (el dinero), los más adaptados serían los más ricos. Sin embargo son precisamente los pobres los que cuentan con mayor número de hijos. ¿Son entonces los más adaptados los más famosos? Tampoco, muchos famosetes dejan mucho que desear como personas.La teoría que cuenta con más puntos es la del señor Ruiz… los más adaptados son los más felices. Puede ser, pero incluso los infelices tienen la posibilidad de reproducirse. La consecuencia es clara: La selección natural no se cumple en el ser humano. También podría decirse otra cosa, y es que la selección natural se ha dividido en varios caminos, o que existen VARIAS SELECCIONES NATURALES. Je, je, esto sí que no se lo esperaba nadie.En primer lugar tenemos la selección de los "guapos". Los más guapos se "agrupan" entre ellos, al menos a grosso modo. Esto llevará dentro de unos milenos a una subraza de guapos. Lo mismo ocurre con los "feos", aunque esté feo decirlo (válgame la redundancia). También aplicamos la premisa a la clase adinerada ¿quién ha visto a un rico casarse con un pobre? jo, jo, yo no. Así llegaremos a una subraza de ricos y otra de pobres, cosa que casualmente ya existe en la actualidad.Caballeros, decidme qué pensais de esta teoría.


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