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Feb
10

La crisis (III): los créditos de alto riesgo

La última vez dejé en el aire una pregunta: cada vez hay menos gente con capacidad de consumir, ¿cómo se ha mantenido entoces la economía hasta ahora? Lo lógico es que el consumo (y con él la capacidad económica) se hubieran ido reduciendo paulatinamente, y no de una manera abrupta, en forma de crisis. ¿Cómo se explica esto?

La respuesta es compleja, tiene varias caras: por un lado la nueva clase media que va surgiendo en China, Brasil, India y otros países; por otro, el crecimiento de empresas de bajo coste, como Ryanair, Ikea, Wal-Mart, Zara, McDonall’s, etc, y en un tercer pero fundamental lugar está la generalización del crédito de alto riesgo.

Las economías china, brasileña e india están generando clase media entre su población. Esta nueva clase media quiere consumir los mismos productos que las clases medias de los países tradicionales: una casa con agua corriente y electricidad, un coche, electrodomésticos, aparatos electónicos, etc. Hablo de China, India y Brasil por poner ejemplos muy conocidos por todos, pero lo mismo se puede decir de otros países. En general, a nivel mundial ha aumentado la clase media, aunque a costa de rebajar sus expectativas a nivel general.

Con la rebaja de la capacidad adquisitiva de la clase media han triunfado las empresas low cost, empresas que producen o comercializan productos y servicios a bajo o muy bajo coste. Estas empresas venden barato, e incluso a veces venden productos de calidad, aunque por lo general son productos de baja calidad, o minimizan el servicio. La nueva clase media se ha montado a ese tren sin pensarlo dos veces, en parte empujada por su decreciente capacidad adquisitiva. No quiero entrar ahora en ese análisis, pero tampoco quiero dejar escapar la ocasión para incidir en ello: el alarmante aumento de enfermedades, dolencias y perturbaciones de la salud que el consumo habitual de la mayoría de la comida barata produce en nuestros organismos (ya sea comida ya preparada -restaurantes de comida rápida-, semipreparada -comida congelada, snacks, comida deshidratada- o directamente los alimentos crudos -frutos, legumbres y verdudas transgénicos, tratados con pesticidas, carne, lacteos y pescado tratados con hormonas, provenientes de animales engordados en jaulas, sin capacidad de movimiento, y con alimentación basada en piensos que no son más que, en último término, restos de otros animales, aceites tratados químicamente, etc).

La posición cada vez más dominante de este tipo de empresas lleva a la ruina al pequeño comercio local y a los pequeños productores. Esto redunda en el descenso de la cantidad de personas que hacen circular dinero. El dinero “se fuga” hacia otros lugares, empobreciendo a la larga a las comunidades donde estas empresas se asientan. Además, muchas de estas empresas emplean mano de obra barata en economías emergentes, con un dobre impacto: la creación de puestos de trabajo sin garantías sociales en países en desarrollo y por otro lado la desaparición de puestos de trabajo en países donde esas garantías sociales son más respetadas. De esa manera, el cómputo global es que la clase media de los países ricos se empobrece, favoreciendo a las clases más humildes de algunos países emergente.

¿Es entonces una cuestión entre la clase media occidental y las clases humildes de hasta ahora considerado Tercer Mundo? Aunque lo parezca, no es así. El verdadero problema reside en que en esas nuevas economías no hay garantías sociales. Es pan para hoy, y hambre para mañana. Los más probres trabajarán sin descanso para poder así sobrevivir, pero tienen un techo económico que no pueden superar. La producción -y sus condiciones laborales y salariales- se mantendrá mientras haya beneficios, pero por la propia lógica interna de la economía, esa situación no es sostenible. La aparente prosperidad de esas clases más humildes no es otra cosa que mera supervivencia.

Con diferencia, el factor más importante para responder a la pegunta inicial es sin embargo la genreralización del crédito. Durante los últimos quince años los bancos han prestado mucho dinero. La idea es simple: te presto algo de dinero, y con los beneficios de los interses que te cobro, consigo mañana más dinero, el cual puedo prestar a otros y aumentar así mis beneficios. Esto lo han ido realizando no sólo los bancos, sino también algunas nuevas empresas que no exigían avales, que no hacían demasiadas preguntas, pero que cobraban unos intereses muy altos.

Una clase media sin liquidez (es decir, sin dinero que poder gastar inmediatamente), atraída por unas facilidades de pago en “cómodos pagos mensuales”, fue internándose poco a poco en una tela de araña de créditos y de deudas. Compre usted hoy y pague usted mañana. Más caro, eso sí. Pero compre, porque si usted no compra, si usted no mueve la rueda, la máquina se para. Así que no se preocupe usted si esto le parece caro, porque nosotros fraccionamos su pago para que aun sea más caro y quede usted esclavizado a su banco durente unos cuantos meses o años. Y como usted tiene deudas que pagar, deberá de aceptar cualquier trabajo que le ofrezcan para no perderlo todo.

La estupidez o la ceguera de una buena parte de la población ha sido total. Han vendido su vida a los bancos con tal de tener un pedazo de tierra, un coche, un ordenador, una lavadora o incluso un robot de cocina. Millones y millones de personas comprando a base de crédito, pagando hoy lo que compraste hace dos años, y comenzando a pagar mañana lo que has comprado hoy. Bancos que han ido compitiendo entre sí para presar cuanto más dinero mejor, un dinero que ni siquiera tenían aun, que era dinero que alguien debía devolverles algún día pactado. Un gran castillo de naipes construido sobre una premisa: todo el mundo terminará pagando.

He ahí el fallo principal del sistema, el pecado original. Suponer que la gente terminaría pagando a toda costa, que no se perdería dinero. Pero un mal día alguien tuvo que elegir entre seguir pagando su humilde casa o seguir comiendo, entre dar al banco el poco dinero que tenía o pagar las medicinas de las que sus hijos dependían. Alguien tuvo que tomar una difícil elección entre seguir malviviendo a costa de pagar una hipoteca o hacer las maletas, entregar las llaves de la casa, extinguir la deuda y volver a casa de sus padres, con sus hijos y buscar alguna manera de salir adelante. Y por desgracia para todos -para ellos y para el resto del mundo-, lo tuvieron completamente claro. Dijeron “hasta aquí hemos llegado, no podemos pagar más”, y dejaron al banco cn una propiedad inmobiliaria que tal vez valía menos que lo que el préstamo iba a reportarle. Y lo malo es que no fue una situación aislada, sino que se dió miles y miles de veces en muy poco tiempo. Miles de familias decidían devolver al banco las llave de la casa, rescindir el contrato hipotecario y dejar al banco con miles de propiedades ilíquidas y cuyo precio caía día tras día.

Ahí tenemos pues el origen de esta crisis. Una crisis que se ha ido incubando en la avaicia y la competitividad entre los bancos -dispuestos a exprimir a sus clientes esclavizándolos mediante créditos y préstamos-, en la estupidez de una masa sin capacidad crítica -una masa que no es capaz de pensar en las consecuencias de lo que firma, que sólo piensa en la falsa felicidad que la publicidad le vende y que no se para a meditar en si lo que ya ha comprado le ha hecho feliz o si por el contrario lo que ha hecho no es otra cosa que crearle quebraderos de cabeza, vendiendo su vida a una empresa y a un banco-, en la ambición de unas sanguijuelas que no dudan en mercadear sin escrúpulos con cualquier materia o producto -sin imporetarles otras consecuencias que no sean los beneficios económicos, por encima de vidas humanas incluso-, y en la de un sector del mundo político y emprearial que ha sido tan estúpido como para no comprender que el trabajador no es sólo un esclavo al que explotar, sino que también es el cliente que va a comprar el producto, y que si no tiene dinero suficiente, no podrá comprar los productos, y no habrá beneficios.

Esta crisis ha sido el final de una ilusión, la ilusión de que todo esto funciona, de que el mundo puede continuar así. El problema es que después de que el pánico se adueñara de todos al ver el borde del abismo tan cerca de las ruedas, cuando hemos comenzado a redirigir el coche con un considerable esfuerzo de los brazos, muchos parecen querer hacer olvidar que el hecho de que nos hayamos acercado tanto al borde del abismo no ha sido un hecho puntual, sino la consecuencia lógica de tantos excesos. Ahora se pretende no sólo que todo siga como hasta ahora, sino que además hagamos un enorme esfuerzo de austeridad. Se pretende que aceptemos que los legisladores bajen los sueldos, que eleven la edad de jubilación, que se refuercen exactamente las mismas medidas que nos han llevado al borde del abismo…

No hemos aprendido nada, o tal vez pretendan hacernos olvidar lo que ha ocurrido. No se lo permitamos. Pero no olvidemos también nuestra parte de culpa. No olvidemos que también nosotros hemos contribuído a esta situación, endeudándonos por encima de nuestras posibilidades, con tal de adquirir objetos que no nos han hecho más felices, sino todo lo contrario, más endeuados y más agobiados.

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6 Responses to “La crisis (III): los créditos de alto riesgo”


  1. 1 Oscar
    16 febrero 2010 en 5:02 am

    Vaya monton de ideas!! es dificil comentarlo.
    Hay ciertas cosas que das por ciertas que no estoy seguro de que sean ciertas ( y eso que en algunas comparto tu posicion). Por ejemplo, pareces poner esta crisis como “prueba”-sintoma de que el sistema no funciona, pero ¿realmente no funciona?. Hay corrientes marxistas que vienen prediciendo el derrumbe del sistema capitalista y ven en cada crisis ( y el sistema ya ha pasado por unas pocas) los jinetes del apocalipsis. Algunos ,creo recordar, hasta ven un patron en estas crisis, reduccion de los periodos de bonanza y mayor frecuencia de estas crisis recursivas en el sistema ( algo asi como un proceso de aceleracion) y parece ser que esto si es asi ( la frecuencia con la que aparecen estas crisis en los ciclos economicos ha ido aumentado, aunque tambien creo que se ha recortado su intensidad y/o duracion).
    La verdad es que yo todavia no se que pensar, pero me parece arriesgado dar por HECHO que el sistema no funciona ( e instintivamente mas que con razones o evidencias soy de los que piensa que el sistema no funciona, o quizas es mas correcto decir que no funciona bien como creo que “bien” es).
    Respecto al origen de la actual crisis…..es interesante el trio de causas que propones. La razon del aumento de la clase media en el “mundo” creo que estaria mas relacionada con una crisis “estructural” del sistema y no con esta crisis de ahora( de momento hasta que el apocalipsis llegue prefiero llamarla circunstancial y/o temporal).
    Lo de los creditos: me gustaria saber mas de todo este lio de los creditos y su papel en esta crisis. Pero creo que aun teniendo un papel en esta crisis, han sido otros creditos o la posterior gestion de los creditos a particulares tratados como grandes paquetes de activos entre grandes empresas financieras ( quizas digo una tonteria, pero algo asi como el mercado de las “hipotecas”) los que realmente han terminado generando panicos financieros y finalmente afectando a la economia “real”.
    En cualquier caso, te pregunto: ¿estas en contra de la existencia de “creditos” en general o es solo que crees que se ha abusado de esta herramienta en tiempos recientes?.
    Bueno, pues ahi queda eso…..

  2. 2 wewe0
    27 febrero 2010 en 10:29 pm

    Me alegra que me leas tan concienzudamente, Oscar. He de decir que esta es la segunda vez (y espero que la definitiva) que intento responderte. La anterior la hice desde otro odenador, usando el explorador web más extendido del mundo, que resulta que no guarda en caché lo que se escribe. Como mi respuesta no era corta, el navegador cerró la sesión mientras yo escribía, y cuando dí a publicar, salió de la página para mostrarme un mensaje de error, sin guardar en caché todo lo escrito. En fin, una gracia. Afortunadamente ahora escribo desde mi ordenador con mi navegador Firefox que sé que no me hace esas cosas.

    Después de la puya a la empresa de software dominante en el mercado, paso a comentar tu comentario. Antes que nada, decir que comencé a escribir este artículo el 28 de octubre (del 2009) y que lo he editado seis veces, al menos 4 de ellas reescribiéndolo por completo. La última versión no es la mejor, pero estaba ya decidido a publicarla. Mi intención era la de mantener un lenguaje cercano, sin meterme en explicaciones complicadas, para que la gente de cualquier nivel comprendiera mi análisis. Por desgracia este tercer artículo es muy dado al tecnicismo.

    Me preguntas en primer lugar si pienso el sistema funciona. Creo que te va a sonar mucho mi pregunta (comenzamos ya a saber cómo piensa el otro, jejeje): ¿a qué te refieres cuando hablas de “el sistema”? Mis respuestas en forma de pregunta no son gratuitas ni retoricas, sino -como Sócrates- que trato de tú mismo pongas en claro en tu propia cabeza lo que entiendes por “el sistema”.

    Pero no quiero que pienses que estoy saliéndome por la tangente. Hace unos años pude leer un par de obras que me resultaron muy interesantes. Son ambas de un matemático llamado Darío Maravall, y se llamaban algo así como “Filosofía de la Matemática” e “Iniciación a la investigación matemática”. Ambas obras están en la biblioteca de la Facultad de Empresariales de la UCA. En una de ellas -no recuerdo exactamente en cuál-, Darío Maravall hace una apología del estudio de las ramas más puras de la matemática, pues a su manera de ver, las matemáticas aplicadas sólo se comprenden bien si se comprenden muy a fondo las ramas más puras. Para ejemplificarlo cita varios resultados que él mismo obtuvo. Uno de ellos fue el que me intersa recordar: la demostración de que los modelos que rigen el comportamiento global de los mercados sin restricciones tienden al colapso. Esto quiere decir lo siguiente: existen unas ecuaciones que rigen el comportamiento de un agente de mercado (buscar el máximo beneficio), y que, en ausencia de restricciones -como pueden ser las acotaciones de las ganancias permitidas-, las ecuaciones se comportan de manera que el sistema, en un momento u en otro, deja de funcionar. Su comportamiento es similar al de las colonias cerradas de arañas. Las arañas son caníbales, es decir, se comen las unas a las otras si no tienen otra cosa de la que alimentarse. El modelo es el mismo: si metes en un terrario una colonia de arañas y cierras el terrario, las arañas comenzarán a intentar comer primero lo demás, sin enfrentarse unas a otras excepto por cuestiones de territorialidad o de reproducción. Pero en el momento en el que ya no quede otro alimento, las arañas comenzarán a comerse las unas a las otras. Con el tiempo, sólo dos escenarios son posibles: una única araña que se ha comido a todas las demás pero que ya no tiene nada más que comer, o dos únicas arañas supervivientes y enfrentadas la una a la otra, que mueren ambas como consecuencia de la última batalla final.

    En un mercado libre -sin ningún tipo de regulación-, el resultado es el mismo: los agentes -empresas- irán acumulando capital, absorbiendo o eliminando a sus rivales, hasta que idealmente sólo quede uno de esos agentes, que habrás conseguido todo el capital. Esto idealmente, claro, porque lo más seguro es que la economía se hunda antes de llegar a este extremo. Y repito que esto no es mera especulación, es un resultado matemático demostrado y conocido.

    Nosotra economía no es, en principio, de libre mercado, sino una economía mixta, o economía social de mercado, en la que los agentes públicos -los estados- tienen cierta capacidad de regulación. Estas reglas de los estados suponen matemáticamente unas nuevas ecuaciones, condiciones del problema que lo modifican. Algunas de estas condiciones sí modifican el modelo sustancialmente, lo suficiente como para que sea estable, es decir, que se evite el colapso. Hablando en plata, la regulación se traduce en impuestos sobre la renta y el patrimonio, que impiden la acumulación excesiva de riqueza.

    El problema es que cuando estos resultados se probaron, los mercados eran bastantes estancos. Hoy en día la globalización económica hace que muchas empresas operen en distintos países, con distintas legislaciones, y puedan burlar de distintas maneras las regulaciones pertinentes. En algunos países no existen impuestos para las empresas, lo que sirve para la acumulación sin límite de capital. Puede que nunca se llegue a una situación de libre mercado sin ningún tipo de restricción, pero en la práctica, para que el sistema colapse, no es necesario llegar a ese punto. En la práctica, ese modelo pede colapsar mucho antes.

    No sistema el sistema de libre mercado. Puede funcionar termporalmente, pero a la larga colapsa. Tambien el modelo económico socialista funciona durante algún tiempo: la prueba es que todos los países que han llevado en algún momento una economia planificada han aumentado a corto plazo el nivel económico de sus habitantes. Pero la experiencia nos ha dicho que el modelo económico socialista tampoco funciona. Lo que sí parece funcionar es el modelo de economía social de mercado, o más exactamente, ciertos modelos de economía social de mercado. ¿Y cuáles son esos modelos? Podríamos calentarnos la cabeza y quemar ordenadores haciendo cuentas para calcular qué modelos se mantienen estables, pero hay una manera mucho más sencilla. Todos conocemos economías que siguen esos modelos y que son muy estables. Por cierto, son además de las más ricas del globo, y su población también es de la más homogenea económicamente hablando. Estoy refiriéndome a las economías de los países escandinavos: Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega. Países muy ricos, con un alto nivel de vida, que tienen altos sueldos y a la vez altos impuestos. Un modelo de economía de mercado en la que los poderes públicos mantienen una fuerte presencia en forma de servicios y de prestaciones sociales.

    Sobre los créditos, creo que das en el clavo al hablar del mercado de paquetes de crédito. El tema da para escribir un libro, y ha sido precísamente esa la razón de que reescribiera varias veces el artículo. En Estados Unidos, en las hipotecas sub-prime al menos, había una cláusula por la que si no puedes pagar la hipoteca, le das al banco las llaves de tu casa, te vas y tu deuda queda extinguida. La idea del banco es inteligente: así luego vende la casa y salda la deuda y encima se queda con el resto de lo que saque por la casa -en España, por ejemplo, el banco te embarga la casa, la vende, y con el dinero obtenido se salda la deuda, pero el resto del dinero es tuyo, al menos eso es lo que yo tengo entendido-. El problema fue que los bancos recibieron en muy poco tiempo una ernorme cantidad de “llaves”. Fue mucha la gente que decidió dejar la casa. Eso ocurrió relativamente poco tiempo después del estallido de una burbuja inmobiliaria allí, cuando los precios de las viviendas cayeron, y los bancos no conseguían vender la enorme cantidad de casa que de repente tenían. Eso es lo que hizo quebrar a muchos bancos -por lo general pequeños bancos, pero muchos en muy poco tiempo-, y afectó a los grandes bancos que habían invertido en ellos. El problema viene de que el crédito es un mercado como otro cualquiera. Se venden letras de cambio, se vende deuda, y los bancos apuntan esa deuda como beneficio (es un dinero que alguien le debe y que en algún momento les pagará). La competitividad entre entidades de crédito hizo que se estirara el margen de riesgo al máximo, usando nuevas herramientas matemáticas. Estas herramientas funcionan, pero dentro de ciertas hipótesis. Para conseguir grandes beneficios, estos bancos y otras entidades financieras premiaron a los ejecutivos (y a sus equipos) que conseguían mejores ganancias. Así, conseguir que alguien pidiera un crédito era para el que lo tramitaba un incentivo que podía reportrle un buen dinero. Cuanta más gente pidiera créditos -y se les concediera, claro-, mejores primas para el ejecutivo y para el equipo. Se estiraron las hipótesis al máximo, se fueron acumulando las condiciones, haciéndolas más laxas, para llegar cada vez a un sector mayor de la población. La cuestión era que el grifo no se cerrara, porque la deuda es la materia prima del mercado de deuda. Luego esa decuda era colocada en paquetes y vendida de una entidad a otra. Se especulaba con la deuda exactamente igual que se hace con cualquier otra mercancía. En un paquete de deuda podía haber de todo: desde deuda pública de un estado hasta la deuda de un fontanero que pidió un crédito para comprar una furgoneta, pasando por el préstamo que pidió una universidad para renovar un laboratorio. Las entidades se lo vendían así, en paquetes, y eso fue extendiendo aquellas deudas peligrosas por todo el globo.

    Eso es lo que ocurrió en septiembre y octubre del 2008: cuando los bancos y entidades financieras se dieron cuenta de lo que estaba pasando, ya nadie quería comprar deuda, y todos querían vender toda la que tuvieran. Dejó de circular el dinero, y hubo una crisis de liquidez. Como el dinero dejó de circular, los bancos ya no tenían dinero que prestar a sus clientes, fuesen clientes solventes o no.

    Como digo, este tema da para libros y libros.

    ¿Estoy en contra de los créditos, así en general, o lo que pienso es que se ha abusado de ellos? Bueno, pues un poco las dos cosas. Lo de los créditos me parece una mala costumbre, aunque reconozco que es una mala costumbre necesaria en un modelo de economía de mercado. La mayoría de las empresas no pueden hacer frente ellas solas a las inversiones que necesitan para avanzar o para subsistir incluso. Muchos particulares tampoco pueden hacer frente a ciertas inversiones -una casa, un coche, una formación en el extranjero- si alguien no les presta el dinero. Pero un crédito no deja de ser una deuda, una deuda muy importante que uno no puede extinguir así por las buenas. Un crédito te obliga a tomar unas ciertas decisiones, a atajar por el camino más rápido algunas veces y a posponer ciertas medidas con tal de conseguir el dinero para poder pagar. Lo digo por experiencia. Al final, en algunos casos, un crédito significa autoinflingirse una exclavitud, tener que aceptar trabajos que uno podría no realizar si no tuviera esa deuda, vivir a veces son la soga al cuello, o incluso dejar pasar oportunidades muy buenas porque no puedes afrontar un cierto periodo sin ganar cierta cantidad de dinero. Son las dos caras de la moneda.

    De todas formas, lo triste del asunto es lo que apuntaba: muchísimas gente vive endeudada por estupideces. Yo pienso que si te metes en un crédito, que sea por una buena causa, algo que te haga avanzar como persona, que te haga progresar. Comprar ya una casa porque el mes que viene dicen que va a costar más que hoy, no me parece una buena causa (especialmente si tu sueldo no te permite hacer razonablemte un gasto como ese, o tu trabajo no es sólido). Pedir un crédito para alquilar un local y montar un negocio me parece mucho más razonable. Pedir un préstamo para irte con tu novia a Punta Cana dos semanas me parece una estupidez. Pedir un préstamo para irte medio año a un pueblo de Canadá a mejorar tu inglés me parece una idea muy buena. Pedir un préstamo para mudarte a un pueblo de Noruega donde te van a pagar 6 veces más por el mismo trabajo me parece una idea magnífica (mer refiero siempre a en términos económicos). Si necesitas un coche para poder ir a trabajar y no puedes financiartelo de una sola vez (como casi todo el mundo), no te compres un Audi, cómprate un Micra. Eso por no hablar de los préstamos para comprar ordenadores (que en 3 meses valen ya 4 veces menos), motos, o cualquier otro capricho (me estoy refiriendo a comprar con tarjeta de crédito, que no es más que otra forma de meterse en un crédito). Creo que ha habido muy poca sensatez por parte de muchos.

  3. 3 wewe0
    17 marzo 2010 en 4:40 pm

    Es interesante descubrir que todo un Premio Nobel en Economía -y Profesor de Economía en nada menos que Princetown- como es el mismísimo Paul Krugman coincide conmigo en que la cacareada reforma del sistema financiero se ha quedado en palabras mojadas, y que de esta crisis no hemos aprendido nada: otra nueva llegará, y por las mismas razones.

    http://www.elpais.com/articulo/economia/global/final/reforma/financiera/elpepueconeg/20100307elpnegeco_2/Tes


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