19
May
11

#15M: la spanish revolution (1)

Su título original era Brewster’s Millions (1985), pero en España la conocimos como El gran despilfarro. Es una película en la que Richard Pryor interpretaba a un donnadie que, para poder heredar 300 millones de dólares, tiene que despilfarrar 30 millones de dólares en un mes, al final del cual no debe de quedarle nada. Consumismo en grado máximo. Pero tenía algo bueno, una frase que se me quedó grabada, aun cuando yo debía de tener 10 u 11 años cuando la vi: A ninguno de los anteriores. Ése es el lema de la campaña electoral que el protagonista patrocina para agilizar el despilfarro. Financiar una campaña electoral en la que pide que no se vote ni al Patido Republicano ni al Partido Demócrata.

Los defensores de la democracia participativa estamos viviendo unos días –que si no fuera por una desgracia familiar serían– de gran entusiasmo e ilusión, aun para aquellos que, como yo, nos hayamos de autoexiliados políticos a la vez que de emigrantes. Por fin parte de la sociedad de nuestro país ha decidido decir a las claras que no movemos ni un dedo más para que otros se llenen los bolsillos.

Personalmente prefiero la evolución a la revolución. Visto el pifostio que se ha armado en Libia, prefiero con mucho las revoluciones suaves que hemos visto en Tunez o Egipto, que no son otra cosa que nuevos despertares de lo que ya ocurrió en Berlín en el 89 o en la India en el 47. Por eso, lo que está ocurriendo estos días en toda España me alegra y me llena de ilusión.

Para todos aquellos que esteis indignados, cabreados, que tengáis claro que quereis cambiar algo, pero no tengáis aun muy claro qué es lo que podéis cambiar, os animo a seguir leyéndome.

Como la cosa es urgente, no tengo el tiempo necesario para explayarme en mi filosofía de vida ni en pajas mentales. El domingo son las elecciones municipales, y tenemos poco tiempo. ¿Qué puedes hacer tú para cambiar las cosas el domingo? ¿De verdad se puede cambiar algo el domingo?

A ninguno de los anteriores. Vota, sí, pero a ninguno de los anteriores. Ésa es mi sugerencia.

Se acabó el voto útil. El voto útil sólo lo es para ellos. Los unos y luego los otros nos han demostrado que no nos escuchan, que no piensan salirse ni una coma de la letra que les mandan cantar, que de poco sirve votarlos para mejorar las cosas, mejorar nuestras condiciones de vida. A ninguno de los anteriores. No votes a ninguno de lo anteriores. Pero, por favor, vota. Vota, porque la abstención sólo sirve para que nada cambie. Vota, porque nada puede cambiar si no votas. Vota, porque, por desgracia, quien no se expresa en las urnas, no es escuchado.

No votes nulo. No hagas la tontería de meter dos papeletas en el mismo sobre. No cometas la estupidez de escribir algo en el voto. No seas tonto. Votar nulo es, a todos los efectos, exactamente lo mismo que no votar. Si piensas votar nulo, no te molestes en ir al colegio electoral. No te molestes en perder tu tiempo.

No votes en blanco. Votar en blanco es lo mismo que votar por alguno de los anteriores. Es un defecto de nuestra ley electoral. Un voto en blanco es un voto para ellos. Es como decir: me da igual cuál de los dos, el que más votos reciba. Es, por definición, borreguismo puro, votar a quien voten los demás.

Vota en conciencia. Es sencillo, ¿no? Olvídate de quién va a ganar. Ayer Iñaqui Gabilondo decía que cuando uno decide no votar a dos, está votando siempre por uno de esos dos. Se olvida el señor Gabilondo de un pequeño detalle. Si votamos a los partidos minoritarios (con cabeza, eso sí), podemos forzar a uno de los grandes partidos a realizar un viraje en redondo en su política. Aquél de los dos grandes partidos que vea como su electorado natual se diluye, cómo se inclina por otras opciones, comprenderá que ha de rectificar su política.

Si piensas que no se puede hacer nada, si piensas que no merece la pena votar, si crees que pase lo que pase el domingo nada cambiará, ¿qué pierdes yendo a votar? Si no podemos hacer nada, tampoco perdemos nada intentándolo.

Lo que sí es importante es votar en conciencia. La Ley d’Hondt puede perjudicar mucho a los partidos minoritarios si el voto se dispersa mucho. Aquellos votos que vayan a parar a los partidos que no reciban el mínimo imprescindible para obtener representación se comportan exáctamente igual que los votos en blanco, y terminan beneficiando a los partidos grandes, los más votados. Justo lo contrario de a ninguno de los anteriores. Así que mi consejo es que votes en conciencia, pero con cabeza. Infórmate de los programas electorales, sé selectivo, decide tu voto cuidadosamente, y olvídate de cualquier objetivo. Esto no es un partido de fútbol ni una liga. Te están pidiendo tu opinión, así que lo mejor (lo más sensato y lo más íntegro) que puedes hacer es darla limpiamente, sin más. Vota a quien tú creas que piensa más acorde contigo mismo, y olvídate de lo que digan los demás, sobretodo en lo que a quién va a ganar se refiere.

¿Y para qué sirve todo esto? ¿No son sólo unas elecciones autonómicas y locales? Pues para empezar, no es poco. Pero por si aun necesitas motivación, voy a abrir los libros de Historia para recordar lo que ocurrió el 12 de abril de 1931, en unas elecciones municipales que dieron 41 capitales de procincia a las corrientes republicanas, aun cuando el número total de concejales monárquicos fue superior al de los republicanos. Este estrepitoso clamor popular no cayó en saco roto, y tan sólo dos días después se proclamaba la IIª República Española. Para que veáis si unas elecciones municipales pueden o no cambiar algo.

España necesita cambiar, y el cambio comienza en ti. El futuro que nos espera está en nuestras manos. El domingo, con tu voto. Pero no sólo entonces y allí. Vivimos en medio de una crisis, que es mucho más que una crisis económica. Vivimos en una crisis social, una crisis de la que sólo saldremos cuando cambiemos todos. Porque crisis significa cambio, y quien no cambia cuando las circunstancias cambian, está condenado a la extinción. El cambio empieza en ti. No es fácil, pero no es ni mucho menos imposible. Todo es intentarlo, y no rendirse. Pero de eso será mejor hablar en otro momento. Hasta entonces, recuerda: a ninguno de los anteriores.

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