22
May
11

#15M: la spanish revolution (2).

Ni soy ningún portavoz de nadie, ni represento ningún colectivo, ni me siento la voz de ninguna comunidad o asociación. Como de costumbre, me limito a dar opiniones. Y lo que viene a continuación es mi opinión sobre lo que quieren (queremos) todos los que en España se mueven estos días.

Cómete una manzana y guarda las semillas. Son semillas idénticas, del mismo árbol. Planta una de ellas en un campo abonado, en una tierra donde dé suficiente luz y llueva bastante, pero sin provocar inundaciones. La semilla germinará, brotará una planta que se convertirá en un árbol. Toma una segunda semilla y plántala en una tierra poco fértil, una de estas tierras amarillas o rojizas. No abones la tierra. Toma una tercera semilla y plántala en un lugar sin luz, con muy poco sol. Toma una cuarta semilla y plántala en un lugar en el que apenas llueva en todo el año, un lugar sin acuíferos. Supongamos que aun así estas semillas logran germinar, sobrevivir y convertirse en árboles.

Pregunta: ¿qué árbol dará mejores frutos y más abundantes?

La juventud española, desde hace ya más de una década, son semillas plantadas en tierras sin abonar, sin luz o sin agua, a veces sin las tres cosas juntas. ¿Cómo se puede esperar que de esas semillas broten los árboles que deben alimentar a todo un país?

Justo antes de que la crisis estallara en el 2007, España llegó a ser la 8ª mayor economía mundial, por delante de Canada, miembro del G8. Incluso a tener en el 2008 una renta per cápita de 35000$, estando en el puesto 27º en el rango del Banco Mundial. Teníamos la tierra bien abonada, suficiente agua y suficiente luz como para criar árboles sanos, fuertes y que dieran abundantes y excelentes manzanas. Pero en lugar de ello, utilizamos esa tierra abonada, esa luz y ese agua para criar flores, mientras que a nuestros árboles los hemos condenado a tierras esquilmadas, sin agua y con poca luz. Y ahora pretendemos además que esos árboles que crecen raquíticos alimenten a la población…

El problema no está en las semillas, no está en la tierra, no está en los abonos, ni en el agua, ni en la luz. El problema está en los que deciden qué y cómo cultivar.

Nosotros, los que nos hemos ido fuera hemos comprobado como con condiciones similares e incluso peóres, otros países tratan mucho mejor a sus jóvenes. Les dan las oportunidades suficientes para que se desarrollen. Está claro que demasiada luz, como demasiada agua o una tierra extremadamente rica pueden quemar la planta. Pero se puede muy bien dar a los jóvenes los suficientes recursos sin escatimar ni despilfarrar. Los que nos hemos ido al extranjero conocemos de primera mano lo que significa ser joven y poder acceder a una vivienda y a un trabajo en condiciones normales, lo que es contar con la suficiente independencia económica como para desarrollar tu propia vida, lo que significa poder vivir sin tener que pensar perpetuamente en cómo llegar a fin de mes.

He leído por ahí artículos de personajes que, pretendiendo hacerse llamar periodistas, hablan de este movimiento como de una pandilla de niñatos perroflautas que lo que quieren es seguir viviendo de papá y del Estado. ¿Qué plazas han visitado estas personas? ¿Con quiénes de los indignados han hablado? ¿A quiénes de ellos han escuchado? Personalmente, no me imagino a ninguno de ellos acercándose a lo que consideran ellos mismos como turba maloliente para intentar saber realmente lo que son y lo que piden. La realidad es que, lejos de ser una panda de hipies antisistema, en la calle se están concentrando cientos de miles de ciudadanos de toda condición y edad, que lo que piden es cambios en la manera de gestionar los recursos públicos.

Cambios en la manera de decidir qué, cuánto, cómo y a quién se destina el fruto del trabajo de todos. Lo que piden estas personas, ciudadanos de toda edad y condición es que nos dejen trabajar a todos. Nadie pide que nos regalen nada. Exigen (exigimos) que nos dejen desarrollarnos en condiciones favorables. Exigimos que la tierra abonada, el agua y la luz no se la queden unos pocos para plantar flores. Exigimos que nos permitan ser árboles sanos para dar nuestros mejores frutos.

Cuando las acampadas terminaron, el movimiento 15-M todavía estaba allí. (Ignacio Escolar.)

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