04
Jul
11

Ejercicio de cinismo

De entre todo este follón que se está formando con la SGAE hay un aspecto que me llama bastante la atención. No me deja de sorprender el paradójico y cínico llamamiento de los presuntos y sus satélites a la presunción de inocencia, y a la completa transparencia y corrección democrática y libre con la que se desenvolvió el proceso electoral apenas unas horas antes de que la Guardia Civil comenzara su Operación Saga.

Es destacadamente cínico que las mismas personas que pidan respeto a la presunción de inocencia sean las mismas que han conseguido establecer un impuesto de facto (ellos lo llaman canon), basándose en la posibilidad del uso de la tecnología para la copia privada (legal, que además ésa es otra), con independencia de que realmente ese soporte tecnológico se utilice o no para realizar copias privadas de material sujeto a derechos de autor. Es insultante que quienes piden ahora respeto a la presunción de inocencia sean los mismos que sistemáticamente nos la han negado a toda la población.

También llama la atención la insistencia con la que proclaman la limpieza, transparencia, libertad y democracia con la que se desarrollaron horas antes la elecciones que refrendaron la opción del continuísmo. De lo más curioso, teniendo en cuenta que mientras que la candidatura “De Otra Manera”, que aboga por realizar cambios en la agresiva política de recaudación de derechos de autor, ha conseguido un 43% de los votos, no ha conseguido sin embargo ni un solo vocal. Pero en fin, qué vamos a decir a estas alturas de la representatividad de las elecciones democráticas que ustedes no sepan ya, ¿no es cierto?

Lo más llamativo de todo este aspecto es el espeluznante intento de hacer como si aquí no hubiera pasado nada que están intentando lanzar a los medios los vocales electos. Como que un juez presente cargos contra el cabeza de lista de un partido fuese algo normal. Se olvidan esas personas que, por muy refrendadas democráticamente que se sientan, no lo están para nada. Si yo voto a una persona y menos de 24 horas después, esa persona es detenida y pasa a disposición judicial (precisamente por delitos relacionados con el cargo para la que se la ha elegido), esa persona queda completamente desletimizada para ese cargo. Yo voto a mi reprensentante en base a la confianza que esa persona me inspira. Por algo el voto recibido por un representante político es personal, intransferible e independiente del partido al que representa (y precisamente por eso existen los tránsfugas). Pero si una persona se ve implicada en un caso judicial, sea o no inocente, lo lógico y lo sano para la demoscracia y para el órgano en el que ejerce sus funciones es que presente inmediatamente la dimisión. Pero claro, que eso es demasiado pedir en España, y aun más es mucho pedir para alguien que defendía a Francisco Camps.

Además de estos dos aspectos notables, hay decenas de estupideces que llaman la atención por eso, por lo estúpido de la situación (y que refleja en cierta manera la personalidad de quien las protagoniza). Ramoncín se apresura a amenazar con la doctrina del ataque preventivo de Bush: “Que a nadie se le ocurra apuntarme con el dedo por todo lo que está pasando con la SGAE, tomaré medidas legales contra el primero que lo haga”. Yo sólo le recomendaría prudencia al señor Ramoncín: excusatio non petita, accusatio manifesta (o dicho de otro modo: deje usted de apuntarse con el dedo, no vaya a ser que termine tomando medidas legales contra usted mismo). Tal vez tan sólo sea afán de protagonismo, tendencia al exhibicionismo y ganas de estar en el candelero, por las buenas o por las malas. También está quien llama directamente gilipoyas a quien dice que han desaparecido 400 millones. No sé por que me extraño de que nuestra autoproclamada élite cultural insulte directamente a quienes se atreven a llevarles la contraria. Al fin y al cabo hablamos del país en el que el debate político apenas se diferencia en las formas (y a veces en el contenido) de las peleas de gallinero con la que la televisión culturiza a diario a nuestra ciudadanía. Un país donde descalificar, insultar y gritar está perfectamente válido con tal de llevar la razón y ganar la discusión. Razonar, escuchar, debatir… usar la inteligencia y las buenas maneras es de perroflauta de Sol.

Por último no quiero despedirme sin citar a Calamaro. Desde el primer momento había dos elementos demasiado jugosos como para no hacer el payaso cayendo en la tentación de relacionándolos. Era tan de cajón que parecía insultantemente fácil el chiste: la Guaria Civil entrando en la sede de la SGAE para detener a su cúpula recién elegida democráticamente. Cómo digo, era sólo cuestión de tiempo ver quién era el superdotado que se exprimía las neuronas en el agotador esfuerzo de ingenio y creatividad de compararlo con el 23-F. Y salió Calamaro.

En mi opinión, la situación es insostenible: un rechazo generalizado en la calle y un caso de corrupción interna que afecta directamente a la cúpula. La mejor salida, bajo mi perspectiva, es la disolución de la sociedad y la de la creación de una agencia pública que se encargue de la gestión de los derechos de autor. Y por supuesto, la señora Gonzalez-Sinde debe dimitir.

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