Archivo para 29 diciembre 2008

29
Dic
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Un nuevo amanecer (I).

No quisiera caer en tópicos esotéricos, tópicos que odio. Este escrito no va sobre energías extrañas que vienen a este universo debido a que se ha cumplido ningún tiempo, porque una constelación, galaxia o dimensión se acerque a otra… Tampoco me refiero al cambio de guardia en Washington, ni al colapso del sistema capitalista. Me refiero a una situación personal, que sin embargo espero que sea extrapolable a otros.

En los últimos tiempos (semanas, meses) he vivido experiencias inéditas en mi vida, y un verdadero cambio de circunstancias que me han hecho pensar mucho. Mucho. Mis hábitos, mi filosofía, mi estado, mi "forma de pensar"… todo parece estar cambiando.

Hasta ahora mi vida había estado regida por el estudio de mi carrera. Si bien me había dedicado a cultivar otras areas del intelecto y de mi propia vida, la matemática había absorbido la gran parte de mis energías, de mi intelecto, de mi conciencia, de mi subconsciente y de mi tiempo. No me arrepiento de ello, para nada. Han sido 12 años de mi vida. En algunos aspectos, terribles. En algunos aspectos, desatrosos. En la mayoría, como todo, desiguales. Pero no los cambiaría por nada. Todas y cada unas de las experiencias que he vivido me han llevado hasta lo que soy ahora, hasta el yo del día de hoy. La matemática me ha dado algunas de las experiencias más gratificantes a la que un ser humano puede acceder. Me han porporcionado una forma de satisfacción conmigo mismo gratuíta y sencilla que me acompañará durante el resto de mi vida. Y lo más importante, el pensar constantemente en problemas y teorías matemáticas han organizado y formado mi mente de una cierta manera, han estructurado mis mecanismos de pensamiento para que sigan un cierto patrón, han disciplinado lenta pero definitivamente mi inteligencia. Mi mente, despés de doce años, no puede ser ya otra cosa que analítica. He adquirido el inconsciente hábito de pensar analíticamente. No supone ningún esfuerzo para mí. Es ya tan sencillo y a la vez necesario como respirar.

Pero el tiempo de mi formación matemática ha quedado, para mi pesar, atrás. Nunca más haré un examen de matemática (al menos eso es lo que preveo a corto y medio plazo). Nunca más estudiar esas extremadamente complejas, artificiales y bellas construcciones ocuparán la principal parte de mi tiempo y de mis energías. A pesar de que durante mi licenciatura siempre he tenido en mente hacer un doctorado, las circunstancias me obligan a posponer sine die ese título. No soy iluso: sé que eso significa, con una altísima probabilidad, que nunca seré doctor en matemática. Cosa que, por otro lado, no me importa tanto como el hecho de no volver a poder decicar todo mi tiempo y energías a comprender y asimilar ese maravilloso universo.

Ahora me apremian necesidades más urgentes: ganar dinero y aprender un nuevo idioma. No es ambición egoísta, espurea y caprichosa. La situación me obliga a ello. No tengo más remedio que ganar dinero, ganar mucho dinero, para poder saldar mis deudas y quedarme tranquilo. Y para hacerlo, la opción más sensata ha sido la de venirme (quedarme, de hecho) en Alemania, aun a costa de tener que aprender un idioma (a mi edad ya) que es, para cualquier latino, bastante complejo. La decisión no ha estado exenta de dificultades y de riesgos. En cierto momento me he llegado a ver al borde de la indigencia. Pero gracias a la impagable amistad de ciertas personas (Miguel, que me permitió vivir en su casa durante un mes y medio; Carlos, que me acogió en un primer momento en el que sencillamente me quedaba en la calle; Victor, Alexia, Lorena y Roxanne, que me permitieron dejar mis cosas en sus casas hasta que tuviera la mía propia; y por supuesto Juanito y mi hermana Inma, que me han apoyado económicamente y a los que aun les debo un dinero que algún día -más pronto que tarde- les devolveré; y cómo no, mi madre, que sin saberlo me ha salvado, y que espero que sólo se entere del problema del que parcialmente -pero indispensablemente- me ha salvado cuando ya definitivamente se haya solucionado; y cómo no, a todos los demás -Jose, Francis, Nacho, Tony, Agustín, Marga, Montse, Fran, Germán, Lolo, Iván, Andre, Laura, Laura, Eva, Caro, Jessica, Ana, Ana, Jorge, Cesar, Mara, Jesús, Jose, Jose, Fernando, Migue, y un largo etcétera de personas- que, sin saberlo, me han apoyado enormemente) y a mi firme determinación para salir adelante han empujado los nubarrones hacia más allá del horizonte, de manera que si bien no han desaparecido del todo, ahora luce expléndidamente el sol en mi vida, y lo que es más importante, tengo tiempo más que suficiente para organizarme de tal manera que nunca más vuelva a sucederme nada parecido.

En los últimos tiempos me he preguntado muchas cosas, me he cuestionado varias veces el por qué de muchas cosas que me han pasado. Y aunque mi cabeza sigue pensando de una manera completamente científica y excéptica, no puedo dejar de reconocer una cierta duda que me asalta: tal vez todo esto tiene un por qué.

Mi forma de estudiar la matemática tiene mucho que ver en todo esto. He sido exhaustivo, profundo, impasivo… No me he permitido avanzar si una duda quedaba en el camino. En lugar de ejercitarme resolviendo problemas e ir a los exámenes con el conocimiento justo para aprobar, mi meta ha sido otra: aprender. Me he dedicaco a intentar comprender hasta los últimos recovecos de la teoría. No ha sido ningún capricho. Sencillamente, no era capaz de estudiar de otra manera. Cada vez que he intentado estudiar lo justo para aprobar, los resultados han sido catastróficos. Así que he tardado 12 años en completar mi licenciatura. Y he de decir que son pocos. No he podido dedicarme con total plenitud ni libertad a los estudios. La matemática es muy exigente…

Una consecuencia nefasta de todo esto es que perdí completamente la fe en mis posibilidades. Los exámenes siempre estaban ubicados demasiado pronto, y mis conocimientos nunca eran suficientes. El esfuerzo nunca conseguía madurar lo suficiente. Los resultados están ahí para confirmar lo que digo. Mis conocimientos no se corresponden con mis calificaciones, porque la asimilación de lo que aprendía siempre llegaba mucho después de los exámenes.

Lo escaso de los resultados en cuanto a calificaciones me han hecho caer, involuntariamente, en una suerte de falta de seguridad en mis capacidades. La -equivocada- impresión que me llevaba tras cada examen, tras cada periodo de estudio anterior, tras cada esfuerzo, era que mi mente era incapaz de aprender, que yo no era lo suficientemente capaz de realizar el esfuerzo que mis compañeros sí parecían poder hacer. Inconscientemente me infravaloré a mí mismo, y sobretodo infravaloré mi capacidad para aprender, para adaptarme, para avanzar.

Liberado del yugo académico, por primera vez en 12 años, compruebo ahora que las cosas no eran así. Ni mucho menos. Esta travesía por el desierto, este encierro en el castillo de la mi personal isla de If que ha sido mi licenciatura en lo que a la percepción de mis propias posibilidades se refiere, no ha sido, sin embargo, en modo alguno esteril. A pesar de que no creía en mis posibilidades, sí que lo he conseguido. Los resultados de tantísimas horas de estudio, aunque no se reflejen en mis calificaciones, sí que son apreciables ahora, como lo sería un entrenamiento en un planeta dotado de una gravedad 10 ó 15 veces superior a la terrestre: mi mente es infinitamente más ágil y organizada. No sólo soy capaz de aprender, al contrario de lo que sospechaba y creía ya firmemente, sino que estoy extraordinariamente dotado, ahora, para ello. Puedo absorber conocimiento de una manera espectacular. Y no sólo eso, sino también organizarlo, analizarlo, y adaptarlo a mi mente. Eso es lo que estoy experimentando desde hace poco.

Todo comenzó hace un par de años o tres, con la lectura de cierto libro sobre la forma de reeducar la alimentación. Después de eso llegaron otras lecturas que me han influenciado también enormemente. Lejos de suponer una mera víctima más de los libros de autoayuda, acrítico, pasivo y receptivo, mi mente, acostumbrada a analizar, contrastar, asimilar lo coherente y a rechazar lo sospechoso, me ha permitido ir modificando mi manera de pensar. Desde hace unos meses, cuando mi necesidad de estudiar se redujo drásticamente ante la inminencia de la consecución de mi título, y ante la necesidad de relajar la intensidad de mi estudio de la lengua alemana para poder asimilar efectivamente lo aprendido y no hacer un esfuerzo inútil, comencé a descubrir una serie de lecturas que me han permitido ser plenamente consciente de mi capacidad de asimilación crítica, de esfuerzo, de productividad, y sobretodo de mi capacidad de crear una nueva forma de pensar, una nueva filosofía de vida. En efecto, ante los nuevos puntos de partida que comienzo a absorber, mi mente no puede dejar de seguir el esquema de pensamiento deductivo tan propio de la matemática, y las teorías crecen dentro de mi cabeza como semillas enterradas en tierra fertil, húmeda y soleada.

La principal conclusión a la que he llegado hasta ahora es precisamente el objeto de mi próximo artículo. De hecho, estoy pensando en escribir incluso un libro sobre el tema. Se trata, ni más ni menos, que de cómo he alcanzado, a pesar de todas las circunstancias adversas, la felicidad. Tal vez con ello pueda ayudar a alguien. Así lo espero.