Archivos para 5 noviembre 2010

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Sobre constituciones liberales y toreros.

Leo hoy en el Diario de Cádiz la noticia de que, finalmente, el Consorcio del Bicentenario de la Constitución de 1812 ha firmado con la Fundación José Tomás un acuerdo para fomentar la cultura taurina y la fiesta de los toros, y en particular para relacionarlas con la primera Constitución española. Hace unos meses también leí en la prensa, aquella vez en Andalucía Información, que dicho Consorcio anunciaba la intención de -a mi juicio- tan desacertada idea. Con motivo de dicha información, envié al Señor Pizarro, presidente de dicho Consorcio, la siguiente carta a través de correo electrónico. A día de hoy, aun no he recibido respuesta. Paso sin más a exponer mi misiva:

Estimado Señor Don Luis Pizarro Medina:

Según leo en Andalucía Información, ha presentado usted un proyecto para difundir el valor de la tauromaquia en el Cádiz de 1812. Me gustaría presentarle, desde el respeto más absoluto, mi opinión en contra de tal iniciativa.

Soy gaditano y vivo actualmente en Saarbrücken (Alemania), donde trabajo y resido desde hace ya más de dos años y medio. Desde hace ya muchos años estoy totalmente en contra de la fiesta de los toros. No voy a entrar aquí en un debate dialéctico al respecto, ya que me parece una discusión bizantina. Yo poseo mis argumentos, y los defensores de la tauromaquia poseen los suyos. Me parece que ambos puntos de vista merecen el respeto y la comprensión por ambas partes.

Pero precisamente por eso, me resulta realmente desacertada su iniciativa. Considero que es tomar parte, de una manera institucional, por una posición concreta en el debate. Eso puede llevar al rechazo de parte de la ciudadanía hacia el Consorcio y hacia los festejos del doce. Antes de que presentara su iniciativa, al no haber ninguna iniciativa similar, ni a favor ni en contra, tanto los defensores como los detractores de la tauromaquia nos veíamos representados en los festejos. Sencillamente, no había motivo en ninguno de los dos bandos para sentirnos agraviados. Pero con su iniciativa, ha introducido ya el debate dentro del programa de conmemoraciones, tomando además partido cláramente por uno de los bandos. Si su iniciativa llega a buen término, contará con el rechazo y la oposición de parte de la ciudadanía. Si no lo hace, los defensores de la fiesta cargarán contra los detractores, tachándonos de intransigentes, de “ecologetas” y demás.

Comprendo que la tauromaquia era parte integrante de la cultura de Cádiz de 1812, y entiendo su buena fe al promover este proyecto, pero sinceramente, creo que Cádiz lo que necesita no es precisamente una iniciativa que divida a la ciudadanía. Es cierto, y estoy convencido de ello, que la fiesta de los toros era una parte usual en la vida común de la ciudad -y de toda España- en la época. Pero eso no es necesariamente algo positivo. También era algo común en la época considerar a la mujer como un ciudadano de segunda categoría. También era algo común en la época y en la ciudad llevar una moral que hoy consideramos anticuada y desfasada. Era en esa época moneda de cambio considerar el tabaco como símbolo de estatus social, de riqueza y de hombría. Esos también eran valores y tradiciones importantes en el Cádiz del 1812, y no por eso han de ser necesariamente difundidos. No queremos que las mueres vuelvan a ser ciudadanos de segunda, ni que alguien sea objeto de burla y de escarnio popular por su identidad sexual, o por lo que haga en su vida privada (aun cuando lo manifieste públicamente). No queremos promover entre nuestros jóvenes la idea de que el tabaco es un símbolo de riqueza o de alto estatus social, ¿verdad? No todo aquello que era algo propio y común de la época ha de ser necesariamente algo que tengamos que difundir y defender.

Repito que no quiero entrar en el debate entre defensores y detractores de la tauromaquia. Aunque estoy radicalmente en contra de matar y hacer sufrir a un animal en un espectáculo público, no por ello estoy ciego, y no soy un fanático que no comprenda que detrás de ese acto hay toda una cultura. Eso lo entiendo y lo comprendo. Por eso soy capaz de comprender su iniciativa. La comprendo, pero no la comparto. Y, Señor Pizarro, si se molesta en leer en internet los comentarios de las noticias de los periódicos de la ciudad comprenderá que, desgraciadamente, muy pocos de mis conciudadanos son tan comprensivos y abiertos como yo. Por desgracia, parece que cualquier excusa es buena para insultarse y para agredirse verbalmente, para crear división. Por eso me parece muy poco acertada su iniciativa.

Yo le animo a que discretamente retire su iniciativa, y si lo cree oportuno, la deje en manos de alguna entidad privada, sin apoyo institucional. Por supuesto, lo que más me alegraría sería que nada relacionado con la tauromaquia estuviera ligado a la fiesta de conmemoración de la Constitución -sinceramente, no entiendo la relación que debe haber entre Constitución y tauromaquia-. Me parece mucho más acertado y necesario hoy en día difundir otros valores habituales del Cádiz de 1812, como la lectura, la literatura, la ciencia, el espíritu de progreso, la apertura de mentes… En el Cádiz de 1812 -como bien ha hecho patente Don Arturo Perez Reverte en su última novela-, buena parte de la ciudadanía hablaba más de un idioma, leía a filósofos franceses, alemanes e ingleses (en sus propios idioma), se discutía sobre libertad, sobre derechos humanos, sobre el valor de cada persona por el simple hecho de ser persona. El puerto de Cádiz era el punto de partida y de llegada de expediciones científicas, de viajes que pretendían hacer avanzar el conocimientos, de viajes de progreso. En esta ciudad se comerciaba, se buscaba el desarrollo personal a través del esfuerzo propio, se confiaba en la palabra dada, se cumplía con los compromisos, y eso es lo que permitió el desarrollo comercial y la riqueza. La gente se esforzaba, trabajaba, trabajaba mucho, de sol a sol, pero con la alegría del que trabaja a gusto y se gana su riqueza con su sudor. Los comerciantes eran amables y alegres con sus clientes. El trabajo era sinónimo de riqueza y de alegría, y no una pesada carga. Cádiz era una ciudad próspera, rica, culta y abierta de mente. Las ideas fluían. A nadie se le insultaba por pensar de manera distinta.

Todos esos valores me parecen infinitamente más importantes que la tauromaquia, con todos mis respetos. Sigo, desde la lejanía, las noticias de mi ciudad. Siento especial tristeza por lo que se está haciendo por conmemorar el bicentenario de la Constitución de 1812,  o para ser más exacto, sigo con tristeza lo que no se está haciendo. En las noticias no dejo de ver que se habla de hoteles, puentes, proyectos de remodelación, y miles de veces la palabra Constitución. Pero no veo debate sobre las ideas, sobre el Cádiz de aquella época, tan distinto al actual, el que posibilitó ese hito de nuestra historia. La Constitución de 1812 no nació por casualidad en Cádiz. Es cierto que el resto de España estaba ocupada, pero fue la Constitución de una ciudad cosmopolita, abierta, culta, científica, comercial, que creía en el progreso, que leía, que hablaba en varios idiomas, que discutía de arte, de literatura, de música, de filosofía, de política, de ciencia… No existía en toda España una ciudad así, y por eso sólo allí pudo nacer una Constitución así. Por desgracia, nada de eso parece plasmarse en estos fastos. En lugar de recuperar lo que un día fuimos, de tratar de revivirlo, parece que estamos celebrando lo catetos que nos hemos vuelto.

Sinceramente, Señor Pizarro, no veo cómo difundir la tauromaquia pueda ayudar a recuperar todo aquello.

Sinceramente suyo,

Javier Ruiz Dominguez

PD:

Una cosa más que casi olvidaba. Como emigrante español en Alemania, puedo constatar el enorme rechazo, prácticamente unánime, que la fiesta de los toros produce entre los europeos de más allá de los Pirineos (con excepción del sur de Francia, tal vez). Tomar posición por la tauromaquia desde una insititución pública y oficial, que es además la encargada de organizar los fastos del Bicentenario puede tener como consecuencia la de producir una imagen nefasta entre los potenciales turistas europeos. Tan sólo esa razón creo que ya es suficiente como para retirar la propuesta.