Author Archive for

08
Feb
15

Juan Tortosa, sobre el acoso mediático a Podemos

Sin palabras. Se puede decir más alto pero no más claro. Juan Tortosa dixit:

Lo veo tan burdo todo que no doy crédito. Puede que Juan Carlos Monedero intuyera el linchamiento al que lo están sometiendo, puede que supiera a lo que se arriesgaba cuando parió “Podemos” y que no le extrañe nada de lo que le está sucediendo, pero yo estoy directamente escandalizado.

Me produce verdadero bochorno el espectáculo que le estamos brindando al resto del mundo. Una dinastía de ladrones hijos de ladrones, que durante decenios y generaciones se han hinchado de robarnos a manos llenas, intentando meter en el mismo saco sus fechorías y la irregularidad fiscal de un profesor universitario quien, probablemente por estar mal asesorado, no acertó con la manera exacta de tributar un dinero ganado durante varios años fuera de España.

Me preocupa mucho la saña con la que intentan hacer trizas a Juan Carlos Monedero, claro que sí. Pero mucho más me preocupa el trasfondo. Lo que son capaces de llegar a hacer los poderosos cuando intuyen que su impunidad y su barra libre pueden correr peligro.

Media docena de profesores universitarios dan con la tecla y ponen hace un año el dedo en una llaga por la que nos estábamos desangrando. Encuentran, como nadie lo había hecho hasta entonces, la manera de dejar en evidencia a la sarta de mentirosos que estaban llevando nuestras vidas al precipicio. Son modestos profesores universitarios, sí. pero valientes. Convencidos que hay momentos en la vida donde hay que dar un paso adelante. Y lo dan. Otros muchos pudieron o pudimos haberlo dado. Pero no lo hicimos. Fueron ellos.

Con su osadía consiguen remover las estructuras del país hasta extremos inimaginables incluso para ellos mismos. Y desde entonces, esto es la guerra. Una guerra en la que, una de las cosas que más llama la atención, es la carencia de toda sutileza por parte de los dueños de los cañones, que desde el minuto uno tiran a dar. Directos a la yugular, a pecho descubierto y sin disimulo alguno.

Mas hete aquí que tanto descaro, despreciando la inteligencia del ciudadano medio, acaba redundando ¡oh, sorpresa! en un aumento de las simpatías hacia los vituperados. Habrá, pues, que aumentar la dosis de vileza. Los mangantes de toda la vida no tienen problema para eso: cuentan con suficientes resortes, dineros, paniaguados y estómagos agradecidos como para ir soltando cargas de profundidad cada vez más dañinas: directos al mentón, al hígado y a la entrepierna de estos incautos intelectuales. Sin piedad alguna.

Por tierra, mar y aire comienza un bombardeo cuyos objetivos principales son las tres personas que la noche del 25 de mayo aparecieron en las teles de todo el mundo camino del lugar donde iban a celebrar una victoria que nadie esperaba: cinco diputados al parlamento europeo gracias a un millón doscientos mil votos conseguidos por la formación que habían impulsado apenas cuatro meses antes. Desde entonces no han dejado de darles hasta en el carnet de identidad, para estupor de los corresponsales extranjeros que no saben cómo explicar en sus periódicos internacionales la caza al hombre decretada en un país presuntamente democrático cuyos dirigentes no parecen tener reparo en resucitar viejos fantasmas cainitas.

A la misma vicepresidenta del gobierno que se negó siempre a hablar de los problemas del partido popular en las ruedas de prensa del consejo de ministros porque, no era un asunto del gobierno, le ha faltado tiempo para demonizar a Monedero, citando su nombre con todas sus letras, y magnificar una cuestión que ella misma sabe que es menor frente a su larga lista de clamorosos silencios por asuntos verdaderamente graves.

Al mismo ministro de Hacienda que obvió asuntos como el de Urdangarín, Bárcenas, Blesa, Rato o la broma aquella de los carnets de identidad de Cristina de Borbón le ha faltado tiempo para airear la existencia de una inspección a un ciudadano cuya única responsabilidad, muy probablmente, es haber estado mal asesorado.

Al socaire de esta caza al hombre, palmeros de prensa, radio y televisión, machacan uno tras otro a estos osados promotores del terremoto político más serio que ha sacudido el país en los últimos cuarenta años. Nunca existió tanta unanimidad en la animadversión como la proyectada hacia este grupo de intelectuales metidos a políticos que transmiten una gran convicción en sus capacidades para obtener el respaldo suficiente que les permita cambiar este país. En su columna de este sábado en “La Vanguardia”, Gregorio Morán afirma que salimos “a una media de seis artículos diarios contra Podemos, repartidos entre catedráticos con pretensiones, plumillas avezados, vejestorios egregios y funcionarios varios“. Algunos de ellos, añadiría yo, insignes pelotas suyos no hace mucho y que, fieles a su miserable condición, no se privan de hacer leña apenas sospechan que el árbol al que adulaban puede acabar siendo derribado.

No sé si conseguirán acabar políticamente con Monedero, cosa que personalmente lamentaría muchísimo porque todo este episodio me parece innjusto, desproporcionado y vergonzoso por la imagen de país que proyectamos hacia el exterior. Pero lo que sí sé es que no van a parar. El miedo los está volviendo violentos y peligrosos, muy peligrosos.

No hay que caer en sus trampas, y la que ahora han puesto en marcha para ganar minutos y batallitas es conseguir centrar y monopolizar el debate en las presuntas irregularidades de las personas de Podemos, obligándoles así a defenderse permanentemente, lo que roba un tiempo precioso a lo sustancial: las denuncias de las fechorias del gobierno, los bancos, la troika, el aumento de la injusticia y la pobreza… El mundo derrumbándose y nosotros hablando de mariconadas.

J.T.

El texto original aquí, en su blog Las carga el diablo, en Público.

Anuncios
21
Oct
12

¿Rescate?

Después de haber visto el programa Salvados titulado Al filo del rescate y dedicado al posible rescate a España, tengo algunas ideas que me gustaría expresar:

La primera es que el profesor José María Gay de Liébana (profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Barcelona) hace un computo que desde luego es, cuando menos, cuestionable. Veamos por qué:

El profesor desmenuza las diferenctes fuentes de deuda de la sociedad española en su conjunto, pero bajo mi punto de vista, falla al sumarlas. Según los datos que maneja, tenemos la siguiente situación (para las cuentas del 2011, en millones de euros):

Familias: 871.500
Empresas no financieras: 1.260.800
Administraciones públicas: 736.200
Sector financiero: 1.094.000
TOTAL: 3.961.500

Notas:

  1. En el programa, el profesor presenta una suma de 3.962.000 millones de euros.
  2. Los datos del sector financiero corresponden al año 2010, ya que en el momento de grabarse el programa aun no estaban listas las cuentas del 2011.

Tomemos la cifra de la deuda de las familias y de las empresas no financieras. Esta suma un total de 2.132.300 millones de euros (es decir, 2,1323 billones de euros). Eso es aproximadamente el doble de lo que el sector financiero en bloque debe al exterior. Y aquí está la clave.

Cuando miramos las cuentas de España como país debemos comprender que no se trata sencillamente de sumar las deudas de cada uno de sus ciudadanos, empresas y organismos. Si lo hiciéramos así estaríamos trazando una deformación de la realidad muy grande, ya que mucha de la deuda (por no decir toda) de las familias y de las empresas no finiancieras es con el sector financiero español.

Cuando una pareja decide comprar una casa y pedir una hipoteca va a su banco o caja de ahorros de toda la vida, no va a Bank of Scotland o al Hypovaraisbank. Lo mismo con las empresas. La inmensa mayoría de la deuda de los hogares y de las empresas no financieras no es con el exterior, sino con el sector financiero español.

Como se habrán dado cuenta ustedes, me he dejado la deuda pública al margen. Eso se debe a que el sector público vende su deuda en los mercados, y cualquiera puede comprarla. ¿A quién deben las administraciones públicas? Pues esencialmente a los inversores, y esos pueden ser tanto familias (recuerdo ahora los anuncios en televisión de deuda pública del Tesoro del Estado, dirigidos directamente al pequeño inversor), como empresas cualesquiera, incluídas las finaicieras. En particular, también las españolas. Es decir, las administraciones públicas deben 736.200 millones de euros, pero no a una única entidad, sino a muy variadas (incluído el mismísimo Banco Central Europeo). Supongamos en todo caso que la mayor parte de esa deuda es con inversores extranjeros.

Como el propio profesor Gay de Liébana aduce, desde el estallido de la crisis, el déficit público (la diferencia entre lo que el Estado recauda, venga de donde venga (lo que incluye también la deuda pública) y lo que gasta) ha aumentado espectacularmente, debido a las distintas políticas llevadas a cabo por los distintos ejecutivos para paliar la crisis. Desde el 2008 hasta el 2011, el Estado acumula un déficit de 352.066 millones de euros. Es importante recalcar que de ese déficit, unos 100.000 millones (según de nuevo el propio profesor Gay de Liébana) corresponde al dinero que el propio Estado a utilizado para salvar bancos y cajas de ahorros en problemas.

Esto es muy interesante. Porque esas ayudas a los bancos son en realidad préstamos del Estado a los bancos. Así que de la deuda pública deberíamos poder descontar 100.000 millones de euros, que en realidad es dinero que el sector financiero debe al Estado. Por cierto que todas estas cifras, que son del 2010 y del 2011, no incluyen ese rescate a los bancos que España pidió a principios de verano a la Unión Europea, y que de nuevo significa que el Estado se endeuda para dárselo a los bancos.

Por otro lado, el Producto Interior Bruto (PIB) de 2011 es de 1.073 miles de millones de euros (es decir, 1,073 billones de euros). El producto interior bruto es toda la riqueza de España. Si España (no como Estado, sino como país, es decir, todo lo público y todo lo privado) diera todo su dinero y vendiera todo lo que tiene para sumarlo a ese dinero, el total sería esos 1,073 billones de euros.

Hagamos la siguiente cuenta: en lugar de sumar todas las deudas como ha hecho el profesor Gay de Liébana, sumemos sólo las deudas del sector financiero (suponiendo que esa deuda es completamente con el exterior) y la de las administraciones públicas (suponiendo de nuevo que toda la deuda de las administraciones públicas españolas es con el exterior), eliminando, eso sí, los 100.000 millones de euros que la administración ya llevaba gastados en ayudas a los bancos. Y obetenemos la cifra de 1.730.200 millones de euros. ¿Por qué hemos hecho así la cuenta? Porque lo que nos interesa, como hemos dicho al principio, no es la suma de “cuánto se debe”, sino cuánto debe España como país al exterior, y por ello debemos eliminar de la suma todo lo que empresas españolas, familias españolas, bancos españoles y administraciones públicas españolas nos debemos unos a otros.

1.730.200 millones de euros, es algo así como 1,61 veces el PIB del 2011. No es un buen dato, pero desde luego está bastante lejos de los 3.961.500 millones de euros del cálculo del profesor Gay de Liébana, que viene a ser del orden de 3,69 veces el PIB del 2011.

En estas cuentas que acabo de hacer se han simplificado varios hechos, que conviene recalcar:

  • Lo primero es que hemos dado por sentado que toda la deuda de las familias y las empresas es con el sector financiero español. Eso es muy razonable cuando hablamos de familias, pero no lo es tanto cuando hablamos de empresas. Las pequeñas y medianas empresas probáblemente sí que tienen todas sus deudas contraídas con bancos y cajas de ahorros españolas, pero es posible que las grandes empresas hayan recurrido a inversores internacionales y a bancos de inversión extranjeros. En ese sentido cabe señalar algunos puntos:
  1.  Eso es deuda privada. También la deuda de las entidades financieras es deuda privada, lo cuál significa que cuando menos es discutible que el Estado se haga cargo de ellas. Pero en el caso de las empresas no financieras, eso sería ya completamente inaceptable. Lo que deban las empresas al extranjero no debería contar aquí para nada.
  2.  En cualquier caso, como curiosidad hay que decir que el profesor Gay de Liébana dice en el mismo programa que 604.000 millones de euros de la deuda actual de las empresas españolas (es decir, aproximadamente la mitad de todo lo que debe el sector empresarial no financiero) corresponden a las 28 empresas no financieras del IBEX35. Esto es, las 28 mayores empresas no financieras de España deben tanto como el total de todas las demás empresas no financieras de España. Sería interesantísimo estudiar qué capital tienen esas empresas en paraísos fiscales.
  3.  Eliminando lo que esas 28 empresas del IBEX35 deben, la deuda de las pymes y de las familias españolas con la banca (que, como hemos dicho, puede suponerse que es con la banca española) se reduce a 1.528.300 millones de euros. De nuevo conviene comparar esta cifra con la que la banca debe al exterior, que es 1.094.000 millones de euros. Es natural que debamos a los bancos más que ellos a los que les prestaron, ya que de ahí sale parte de su margen de beneficio. Sin embargo, si tenemos en cuenta el fenómeno de la multiplicación bancaria, la comparación de las cifras es curiosamente baja: 434.300 millones de euros.
  4.  De todo el montante de deuda de las empresas no financieras, sería de lo más interesante poder estudiar qué cuantía representan las deudas del sector inmobiliario con la banca. Podríamos así saber cuánto daño le sigue haciendo a la economía española el estallido de la burbuja inmobiliaria.
  • Lo segundo a recalcar es que los datos presentados eran de 2011, excepto los del sector financiero, que eran del 2010. No cabe esperar que hayan mejorado desde entonces, a tenor por lo ocurrido con la CAM, Bankia, etc.
  • Tercero, la deuda pública española, como ya he mencionado antes, no necesariamente está toda ella en manos de inversores extranjeros, pero por simplificar nos hemos puesto en el peor de los casos.

He dicho al principio que quería expresar algunas ideas respecto a las cuentas presentadas por el profesor. Hasta ahora sólo he expuesto mi primera idea, que no es otra cosa que un análisis de cómo se han hecho las cuentas, y cómo propongo yo que se hagan.

La segunda idea que me gustaría poner de manifiesto es que parece que es la banca la que carga de problemas a la economía española. El Estado dispara su déficit a partir de 2008 por el estallido de la crisis financiera. Como a estas alturas ya todos sabemos, el hecho de que los bancos no se prestaran dinero entre sí fue lo que hizo que todo empezara a tambalearse y a derrumbarse. Cuatro años después, en España aun la banca no ha vuelto a abrir el grifo del crédito. El Estado ha prestado a la banca mucho dinero con la idea de que el crédito vuelva a fluir, algo así como mantener la respiración artificial a los bancos, pero los bancos prefieren utilizar ese dinero para pagar a sus acreedores antes que para prestarlo, con lo cual el crédito sigue sin fluir, lo cual asfixia a empresas y familias. Eso es lo que está provocando el cierre de empresas y los despidos. Eso aumenta el paro, con lo cual las familias no pueden hacer frente a sus deudas. Como las familias y las empresas no pueden pagar sus deudas, los bancos no reciben dinero, y no realizan préstamos. Es un círculo vicioso.

Uno se pregunta de forma natural: ¿por qué entonces mantener la respiración artificial a los bancos en problemas?

Probáblemente esa es la gran pregunta que nos hemos hecho todos los que seguimos con perplejidad esta situación que ya dura más de cuatro años. En un principio se nos vendió la idea de que el crédito (o el dinero, o la liquidez, como prefieran llamarlo) es la sagre del sistema, o mejor aun, el oxígeno. Los bancos vienen así a ser como el corazón que bombea esa sangre, o como pulmones que proporcionan oxígeno al resto del organismo. Eso quedó expresado en una máxima que de por sí recoge la filosofía del asunto: demasiado grande para caer. Es probablemente el mayor instrumento de manipulación jamás concebido: una frase con la que justificar el sacrificio de millones de personas.

Ahora estamos comprobando que, lejos de ser la solución, los bancos son el problema. Lo son desde el inicio de la crisis. Pero tampoco es bueno generalizar, hablar de los bancos como si fueran una unidad homogenea. Probablemente todos se han comportado en general de la misma manera, pero no todos han corrido la misma suerte. No se trata de juzgar su comportamiento ético, no se trata de saber si unos han sido abusadores y mezquinos (porque todos lo han sido), sino de identificar cuáles sencillamente no funcionan, cuáles acumulan pérdida tras pérdidas, cuáles no pueden sosternerse por sí mismos y son una lastra para todos (incluidos nosotros).

Creo que todos los que no creemos en el liberalismo económico nos sentimos de lo más preplejos al saber que tanto el Reino Unido como los Estados Unidos, paladines de la ideología económica liberal (que el Estado no se meta en nuestros asuntos, el mercado se autorregula, lo que hace falta es más libertad, menos controles, etc.) decidían inyectar dinero público para salvar entidades financieras privadas. ¿A cuénto de qué va a tener una administración pública que sacarle las castañas del fuego a un banco privado? ¿No defendían ellos que les dejaran hacer negocios en paz?

Lo que nadie imaginaba es que las cosas fueran a hacerse tan rematadamente mal. Todas las grandes declaraciones de los meses siguientes (hay que refundar el capitalismo) quedaron en nada. En cuanto los Estados prestaron el dinero, las entidades financieras volvieron a hacer exactamente lo mismo, solo que además comenzaron a hacer algo más preligroso: prestarle a los mismos Estados que les habían dejado el dinero, exigiéndoles mayor rentabilidad.

Todo esto viene a lo siguiente: ¿por qué el Estado Español no deja sencillamente que quiebren aquellos bancos, cajas de ahorros y aseguradoras que tienen problemas graves? ¿Por qué no se las abandona a su suerte?

Viendo con retrospectiva lo que en los últimos cuatro años ha ocurrido, parece que fue una pésima idea no haber dejado caer esas entidades financieras. ¿De verdad cabe esperar tasas aun mayores de paro, de deuda, de pobreza, etc. si los bancos con problemas hubieran quebrado? Pensemos por un segundo qué hubiera pasado si, en lugar de ayudar a la banca, el Estado hubiera ayudado directamente a los ciudadanos y a las empresas.

Viñeta de Forges en El País, 14.05.2012.

Viñeta de Forges en El País, 14.05.2012.

Desde luego, el déficit público hubiera aumentado, pero cabe preguntarse si más de lo que hasta ahora lleva acumulado. Si los ciudadanos y las empresas pequeñas y medianas hubieran podido contar con financiación y liquidez y a los bancos con problemas se les hubiera dejado caer, en primer lugar cabría preguntarse cuántos bancos y cajas de ahorro habrían caído de verdad. Las entidades financieras tenían ya problemas estructurales serios antes de la caída de Lehman-Brothers, pero eran más que capaces de seguir adelante precisamente porque sus clientes, que no son otros que las empresas y las familias, pagaban religiosamente. ¿Cuántos bancos y cajas de ahorro habrían terminado declarando la bancarrota, si sus clientes seguían pagando? Quién sabe. Pero desde luego puedo asegurar que si los ciudadanos hubieran tenido ese apoyo, seguramente muy pocas de esas entidades financieras hubieran terminado colapsando.

En cualquier caso, lo que uno debería preguntarse es si realmente un banco que debe tanto dinero como para no poder vivir sin esa respiración artificial debe seguir existiendo. Por simple aplicación del principio de selección natural, parece evidente que la mejor elección hubiera sido dejarlos caer. El dinero de los pequeños ahorradores hubiera estado garantizado por el fondo de garantías, así que los que hubieran salido perdiendo de verdad son aquellos que tenían grandes fortunas en esas entidades. Pero, ¿de qué entidades estamos hablando?

Vistos los números de los grandes bancos, y visto lo que ha ido ocurriendo desde septiembre de 2008 en el panorama financiero español, está claro que aquellas entidades con problemas serios que no hubieran podido sobrevivir eran, esencialmente, cajas de ahorro (que luego han ido fusionándose o conviertiéndose en bancos). Podría explayarme durante párrafos en explicar por qué los dos grandes partidos tenían un nulo interés en dejar caer las cajas de ahorros, pero creo que es más efectivo y más divertido dejar que este vídeo lo explique mejor que yo:

Si se hubiera rescatado a las personas en lugar de a los bancos tendríamos las siguientes consecuencias:

Las familias no habrían tenido que dejar de consumir para pagar sus deudas.

Por lo tanto las empresas hubieran podido paliar al menos parcialmente la falta de crédito por el tirón del consumo.

Por lo tanto la tasa de paro no sería tan alta, y las perspectivas de recuperación serían mucho más altas.

Si además se hubiera ayudado a las empresas no financieras (y yo añadiría que además a aquellas que no se dedican al sector inmobiliario) con créditos públicos, con toda seguridad no hubieran tenido que despedir a tanta gente o incluso cerrar.

Y los más importante: esas deudas con inversores extranjeros no pesarían sobre el déficit público.

Paralelamente, dejando caer a las entidades financieras que no pudieran sostenerse por sí solas, muchas empresas y familias hubieran perdido sus ahorros.

Si, muy bonito todo esto, pero ¿de dónde sacar el dinero? ¿No hubiera hecho eso subir la deuda pública? Desde luego que sí. Pero dudo mucho que hubiera provocado un efecto muy distinto del que de hecho ha tenido rescatar a esos bancos y cajas de ahorros de dudosa solvencia.

Hay que tener también en cuenta el efecto impuestos. Conseguir que las empresas no despidan a sus empleados tiene, además de los efectos sobre el consumo que ya hemos mencionado (y que significan tirar de la economía), la virtud de que mientras alguien esté trabajando, está pagando impuestos. El empujón inicial de ayudar a las familias y a las empresas puede que supusiera un importante desembolso para el Estado, pero parte de ese desembolso se hubiera recuperado vía impuestos. Por otra parte, se estima que entre 70.000 y 82.000 millones de euros se dejan de recaudar anualmente debido al fraude fiscal (estas son las estimaciones más bajas, por cierto, ya que nada menos que el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda cifra en 89.000 millones el fraude anual que deja de recaudarse).

Con algunas medidas dirigidas exclusivamente ha hacer cumplir la ley y que nadie deje de pagar lo que debe (repito, sin modificar ni una coma de las leyes, sólo haciendo cumplir la ley) se podrían recaudar al año un mínimo de 60.000 millones de euros más. La organización Attac, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda o el profesor Vincenç Navarro proponen algunas medidas concretas que se podrían tomar para generar más inglesos al Estado tocando algunas leyes. Eso por no hablar de propuestas ya clásicas (pero no por ello menos eficientes y dignas a tener en cuenta para mitigar el déficit público).

¿Qué puede hacerse a estas alturas? No soy economista. No me corresponde a mí dar con las respuestas. Preo creo muy pertinente que todo el mundo se haga esta pregunta. En el mismo programa ya citado de Salvados se muestra la situación de los griegos. España no puede pagar la deuda de sus bancos, y es precisamente la deuda de la banca española la que está haciendo saltar por los aires el déficit público. El Estado pide dinero a los mercados para dárselo a los bancos y se presenta como avalista. En otras palabras: convierten la deuda privada de los bancos en deuda pública de todos. Y todo para que una piara de inútiles sigan sentados en sus sillones de directivos de cajas de ahorro (ahora bancos) con sueldos millonarios para que no tiren de la manta. Y mientras, esos mismos bancos devolviendo a los bancos alemanes y franceses el mismo dinero que los propios alemanes y franceses pagan como impuestos.

El rescate es una gran estafa. Todos y cada uno de los rescates públicos a la banca forman parte de una misma gran estafa. Una estafa a nivel europeo, la de salvar el culo a la banca (tanto a la española, griega, italiana, portuguesa e irlandesa como a la alemana y la francesa, la holandesa, la austríaca o la finlandesa), convirtiendo en deuda pública que tenemos que pagar todos (unos con sus impuestos, otros con su sacrificio y su hambre) la deuda de los bancos. Es, en definitiva, hacernos pagar a todos por los errores y los abusos de unos privilegiados.

19
Sep
12

Sobre el cambio climático

Convendría leer mi comentario sobre el modelo científico antes de continuar con este sobre el cambio climático (de hecho, originalmente era un único post, pero me he dado cuenta de que lo escrito sobre el modelo científico me será muy útil en futuros artículos).

Bajo mi punto de vista (y esto es por lo que considero que nunca podrá llegar a decidirse si todo lo relacionado con el cambio climático es antropogénico o no), no estamos en condiciones de poder determinar cuál de las dos teorías sobre el clima se ajusta mejor a los hechos: si la antropogénica o la natural. Conocemos por los estratos geológicos (he incluso por documentos históricos) que han existido cambios climáticos con anterioridad a la Revolución Industrial. Pero la cuestión es: ¿es eso suficiente como para descartar que este cambio climático sea antropogénico?

Hay que distinguir entre Meteorología y Climatología. Una es una ciencia que permite hacer predicciones sólo a muy corto plazo. La otra aun no está en condiciones de hacer predicciones (porque nos faltan las herramientas para poder hacerlo, herramientas teóricas y matemáticas, quiero decir). Que un cierto evento puntual (meteorológico) pueda ser achacable a los efectos de alguna de las dos visiones (antropogénica o no antropogénica) me parece sencillamente infantil. Eso no quiere decir que sea infantil preocuparse por lo que uno ve en la tele cada día de cómo parece que el clima está cambiando. Pero, desde un punto de vista científico, estamos, en mi opinión, muy lejos de poder llegar a decir tanto una cosa como la contraria. Tanto la Meteorología como la Climatología son simplificaciones muy acusadas de fenómenos extremadamente complejos, con una cantidad de variables indeterminadas apabullante, que no nos permite conocer si son o no importantes a la hora de elegir nuestras hipótesis (las “reglas del juego”).

Lo que sí comprendo perfectamente es que, Ciencia al margen, todo esto tiene una dimensión ética importante. No estamos hablando de si Plutón es o no un planeta. Estamos hablando de si tenemos una responsabilidad en lo que está ocurriendo a nivel global, o si no es así. Ahí es cuando yo, como ciudadano del mundo (y dejando al margen la Ciencia) me posiciono. Puede que no seamos responsables del calentamiento global, pero sí lo somos de la destrucción del entorno. Sólo como ejemplo voy a citar dos cuestiones: la deforestación y la contaminación de los mares.

Hemos deforestado en apenas dos siglos de una manera inclontrolada. Hemos contaminado en un siglo tanto los mares que en algunos puntos ya no existen algas en el fondo marino. Sólo por esos dos puntos ya estamos destruyendo la única fuente de oxígeno del planeta. Y los agentes que realizan todo esto (grandes compañías multinacionales, principalmente) no tienen la menor intención de cambiar su comportamiento. ¿Qué vamos a hacer cuando la masa vegetal (terrestre o marina; las algas son la principal fuente de oxígeno del planeta) empiece a no ser suficiente como para proporcionar oxígeno para todos?

Yo no me posiciono científicamente a favor de los que argumentan que el cambio climático es antropogénico (tampoco en contra). Lo que sí es cierto es que cuando leo las recomendaciones que hacen para frenar el cambio climático compruebo que las medidas que proponen inciden (entre otras) en frenar la deforestación, la contaminación y fomentan la protección de la naturaleza. Y eso sí que me convence. No ya porque podamos o no modificar el clima, sino porque al paso que vamos, y si no tomamos cartas en el asunto, terminará llegando un momento en el que tengamos problemas por la falta de oxígeno. Estamos poco a poco acabando con la única fuente (viable) de oxígeno del planeta.

Existen muchas más razones para posicionarse a favor de los que pretendemos conservar la naturaleza. Algunas son de carácter ético, otras más prácticas. Muchas son bastante incómodas para los que mueven mucho dinero. Al margen de cualquier otra razón, creo que la que acabo de indicar es tan básica que no caben discusiones al respecto.

19
Sep
12

Sobre el modelo científico

Me gustaría hacer en voz alta una reflexión sobre la ciencia en general. Es una reflexión sobre algo que creo que todo científico tendría que tener muy presente en todo momento, y que, según mi opinión y por desgracia, muy pocos siquiera conocen o tienen en cuenta.

La Ciencia (o las ciencias) no pretenden, en principio, explicar las causas de las cosas, sino explicar el comportamiento de las cosas. La diferencia es sutil, pero muy importante. La Ciencia construye “modelos” para explicar comportamientos. Esos modelos son las “reglas del juego” del comportamiento del fenómeno observado. Por ejemplo, en Química se establecen las reglas de cómo se forman las moléculas, partiendo de cómo se comportan los átomos al perder o ganar electrones. Esas “reglas del juego”, o leyes científicas, deben cumplir dos requisitos:

1) Ser una aproximación del comportamiento real del fenómeno. Cuanto mayor sea la aproximación, mejor será el modelo.

2) En la medida de lo posible, las normas del juego deben permitir el desarrollo de una “teoría”, es decir, que las consecuencias lógicas de esas leyes deberían permitirnos predecir nuevos eventos.

El que observemos eventos que contradicen alguna de las leyes de la teoría (ya sea las normas del juego iniciales o las consecuencias lógicas de éstas) sirve para indicarnos que hemos de revisar el modelo y sustituir alguna o algunas de las leyes iniciales por otra u otras.

Todo esto significa que, en el fondo, uno nunca puede estar seguro de que las leyes que conoce describen la realidad de lo que estudia. Lo más que puede decir es que “modelizan” el comportamiento de lo que estudia. Nos sirven para estudiar y (en el mejor de los casos) predecir eventos, pero no para comprenderlos (no para saber exactamente por qué ocurren, aunque a veces parezca que es así).

A veces uno tiene distintas teorías que, aparentemente, son contradictorias, pero que desde el punto de vista formal no lo son. Uno toma una teoría u otra dependiendo del nivel de exactitud que quiera tomar en un momento dado, o simplemente de lo adecuado que sea para lo que está haciendo. Por ejemplo, en Cosmología existen (al menos) cinco modelos del comportamiento de los planetas en el sistema solar: tenemos el modelo de Ptolomeo, que es descriptivo de lo que vemos. Tenemos el de Kopernico, que describe a grandes rasgos cómo es el sistema solar. Tenemos las Leyes de Kepler, que son más técnicas y menos descriptivas, pero que dan resultados muy exactos para tan pocos medios. Tenemos la Ley de la Gravitación Universal de Newton, que describe el fenómeno del movimiento de los planetas hasta el punto de permitió predecir la existencia de alguno de ellos, incluso antes de que alguien los detectara con telescopios. Y por último tenemos la Teoría de la Relatividad, que permite una precisión enorme y una visión muy profunda y didáctica de la realidad, pero que requiere un aparataje técnico muy importante.

Uno estaría tentado a pensar que Ptolomeo está en contradicción con Kopernico-Kepler-Newton, y que la Relatividad lo está con estos tres. Así que, en principio, uno podría esperar que al fin y al cabo sólo se usara la Relatividad. Sorprende entonces llegar a la Universidad, tomar una asignatura de Astronomía de Posición, y encontrarse con que el modelo de referencia allí es el de Ptolomeo. La razón es bien clara: cuando uno está intentando determinar la posición de una estrella o un planeta en el cielo, la Relatividad (incluso las Leyes de Kepler, o la de la Gravitación Universal) le sirven de muy poco, mientras que el viejo modelo ptolemaico sigue siendo útil, por la sencilla razón de que pone la Tierra en el centro, y eso exactamente lo que hacemos cuando intentamos localizar en el cielo un cuerpo celeste. ¿Eso quiere decir que todo lo que ha venido después no sirve? No. Eso quiere decir que para según qué cosas, uno toma mejor una teoría que otra, sin estar por ello entrando en contradicciones, con tal de que la propia teoría no tenga contradicciones internas.

Hoy en día, en Física, se usan varias teorías para comprender la Física de Partículas. Son distintas formas de explicar el comportamiento de lo que apenas podemos observar. En el momento en que las distintas teorías entren en conflicto (es decir, predigan efectos contradictorios), podremos hacer experimentos para decidir cuál de ellas se adecuan más a la realidad (aproximan mejor los resultados, es decir, son un modelo “mejor”).

14
Ago
12

¿Bajar los salarios para salir de la crisis?

Me hago eco del llamamiento del Profesor Vicenç Navarro en su artículo “¿Bajar los salarios para salir de la crisis?“, y lo copio íntegramente aquí para darle publicidad (los vínculos a los artículos citados son míos; por desgracia, uno de ellos no es accesible directamente).

 

Un dogma que se ha extendido en los establishments financieros, económicos, mediáticos, académicos y políticos de España es que para salir de la crisis hay que bajar los salarios. Tal creencia ha sido reforzada por el último informe sobre España del Banco Central Europeo dado a conocer el pasado jueves (09.08.12), el cual subraya la necesidad de que se bajen los salarios y el salario mínimo (así como otras medidas encaminadas a debilitar al mundo del trabajo, como la descentralización y debilitamiento del proceso de negociación colectiva) a fin de aumentar la competitividad de la economía española y con ello facilitar la recuperación económica de España. El argumento que se utiliza para justificar tales medidas es que, al no poder devaluar la moneda (posibilidad denegada a los países de la Eurozona al tener todos ellos la misma moneda) a fin de abaratar los productos y hacer al país más competitivo, la única solución que les queda a tales países que están en recesión es abaratar los productos a base de disminuir los salarios. De esta manera serán más y más competitivos y venderán más productos, exportando más y más, convirtiendo tales exportaciones en el motor de la economía, permitiendo así que salgan de la recesión. Este argumento ha pasado a ser parte de la teología de tales establishments y se reproduce no solo por los equipos económicos de los partidos gobernantes, la mayoría conservadores y liberales (en realidad neoliberales), sino también entre economistas que gozan de gran visibilidad mediática y que han tenido responsabilidad gubernamental tanto a nivel central como autonómico (gobierno Zapatero y tripartito), ahora en la oposición. Podría citar muchas declaraciones recientes de economistas próximos al PSOE y al PSC que, añadiendo un “tono de realismo” (que siempre se utiliza para defender tesis neoliberales), concluyen que sí, que hay que descender los salarios como parte de lo que Paul Krugman y muchos otros han llamado la “devaluación doméstica”. Por cierto, incluso la Monarquía está promoviendo esta creencia (que ha alcanzado niveles dogmáticos) en sus proclamas. Así, el heredero del trono de España, el Príncipe Felipe, en su inauguración de unos de los campus del centro de reflexión y promoción neoliberal, el IESE, hizo referencia a que “nuestros precios y salarios están marcando el ritmo del retorno al sendero de la competitividad”, lo cual, decodificada la narrativa diplomática, quiere decir que las bajadas de salarios están preparando la salida de la crisis, mediante el supuesto aumento de la competitividad (discurso probablemente preparado por Javier Ayuso, periodista económico de persuasión neoliberal, exdirector de comunicaciones del BBVA, que hoy trabaja en temas de comunicación en la Casa Real).

Los supuestos de tal dogma

Tal dogma, como todos los dogmas, se basa en fe en lugar de evidencia científica. En primer lugar, incluso si aceptáramos por un momento la necesidad de devaluación doméstica, tal bajada de los costes de producción puede hacerse a base de reducir los beneficios empresariales, en lugar de los salarios, posibilidad que casi nunca se menciona. Y cuando, raramente se hace, es para descartar tal posibilidad pues –según ellos- ello desincentivaría la inversión. Mírese como se mire, se propone cargar el peso de la recuperación económica en las espaldas de los trabajadores y no sobre las de los empresarios, a los cuales hay que darles todas las facilidades y estímulos para que exporten, pues ahí es donde radica toda nuestra salvación. Pero los datos muestran el error de los supuestos sobre los que se basa tal dogma. Veámoslos.

El error de los supuestos que sustentan el dogma

Uno de los centros de investigación económica próximo al mundo empresarial de las grandes corporaciones estadounidenses (The Conference Board) acaba de publicar un detallado estudio de la evolución de los salarios en la Eurozona que muestra que éstos han descendido de una manera muy marcada en España, Irlanda, Grecia y Portugal (los famosos países PIGS en la terminología anglosajona). Como promedio los costes laborales han descendido un 15% desde 2009. Pero como bien señala el economista belga Ronald Janssen, este descenso de los salarios y aumento de los beneficios no ha ido, por lo general, acompañado de un aumento ni de las inversiones ni de las exportaciones (“Falling Wage Costs: Europe’s Light at the end of the tunnel”). Janssen muestra gráfica y convincentemente en su artículo que en Grecia, por ejemplo, el muy marcado descenso de los salarios, incluidos en la manufactura, no ha ido acompañado de un aumento de las exportaciones. Antes al contrario, éstas han descendido también muy marcadamente. Grecia, por cierto, tenía un fuerte sector exportador antes de que se iniciara la crisis en el 2008. Los salarios pues han bajado (caído en picado) en Grecia pero ello no ha supuesto ni un crecimiento de las exportaciones ni de las inversiones. Lo único que ha subido han sido los beneficios empresariales que se han disparado alcanzando una cifra equivalente a un 12% del PIB griego. Mientras, la economía griega está yendo de mal a peor.

En España y en Portugal, sin embargo, las exportaciones sí que han crecido sobre todo a partir del 2009. Tal crecimiento sin embargo no ha sido suficiente para reavivar la economía de tales países. En ambos países, la gran destrucción de empleo (en parte responsable del aumento de la productividad), consecuencia de las políticas de austeridad y de la gran bajada de salarios, ha creado una recesión tal que el aumento de las exportaciones no ha sido suficiente para estimular de nuevo la economía. La bajada de salarios que en teoría está aumentando las exportaciones está a la vez deprimiendo la economía doméstica, venciendo esta última a la primera. Ello confirma lo que varios autores hemos estado señalando durante bastante tiempo: el gran error, mostrado muchas veces en Latinoamérica, de querer estimular la economía a base de colocar el sector exportador en el centro de la economía. No fue hasta que gobiernos de izquierdas y centroizquierdas potenciaron la demanda doméstica que aquellos países de América Latina salieron de su recesión.

En este aspecto, es interesante ver la similitud de los argumentos neoliberales (presentados como argumentos de sentido común en las “ciencias económicas”) utilizados en América Latina y ahora aquí en España. Tales argumentos están siendo utilizados hoy en España no solo por las derechas sino también por economistas de partidos exgobernantes de centroizquierda, como el PSOE y el PSC, hoy en la oposición (resultado, por cierto, de la aplicación de tales políticas). Otro argumento que utilizan tales economistas, que asumen que la recuperación económica procederá del sector exportador (para lo cual exigen un descenso salarial), es que este tipo de recuperación deberá ser, por necesidad, muy lenta. En América Latina se insistió en ello, año tras año, durante toda una década de dominio liberal en las esferas de poder. La famosa luz al final del túnel, sin embargo, nunca se agrandó. En realidad, la famosa luz aparecía cada vez más lejos y más pequeña. Y está ocurriendo lo mismo ahora en España.

A donde está llevando este dogma

Todo este proceso era predecible. Es fácil de ver que tales políticas son erróneas. Solo se necesita mirar los datos y olvidarse de la teología neoliberal (presentada como conocimiento económico). Cuando tantos trabajadores están sin trabajo y cuando la mayoría de jóvenes están sin trabajo durante muchos años, significan una pérdida, muchas veces irreversible, de recursos productivos. Y esto es lo que está ocurriendo en España. Frente a un sector exportador vivo, existe una economía doméstica paralizada por una enorme falta de demanda, creada por la confluencia de bajada de salarios, destrucción de empleo, y reducción de gasto público. Esta fue la situación en Latino América en el periodo neoliberal y ésta es la situación en los países PIGS ahora (convertido en GIPSI, con la inclusión de Italia).

En realidad, la bajada de salarios está creando una enorme recesión no solo en los países periféricos de la Eurozona sino también en los países del centro. El nivel de demanda de la manufactura (PMI, purchasing manager index) está bajando también en Alemania y en Francia a niveles de Italia, habiendo alcanzado cuotas por debajo de lo que se considera el nivel aceptable y/o sostenible. Y ello era, de nuevo, predecible, pues gran parte de las exportaciones alemanas y francesas son importaciones italianas, españolas, portuguesas y griegas. Y la bajada de salarios y recortes de gasto público están reduciendo dramáticamente el consumo doméstico y exterior.

La respuesta del establishment alemán no es estimular la demanda en Alemania y en los otros países de la Eurozona sino al contrario. Sus políticas públicas están recortando los salarios de los trabajadores alemanas y (presionando a través del Bundesbank y, por lo tanto, del BCE) de los trabajadores de los países periféricos de la Eurozona, conduciendo al precipicio a toda la Eurozona. Se inicia así una competición para ver quién paga menos a sus trabajadores. Estos son los costes de continuar creyendo en el dogma neoliberal. Pero como bien ha dicho la Organzacion Internacion del Trabajo, en su respuesta al informe del BCE, tal estrategia llevará a una depresión no solo europea sino mundial. Lo que está ocurriendo en la Eurozona es un ejemplo de las consecuencias de tales políticas. Su venidera recesión puede llevar a una gran depresión. En realidad, para miles de españoles y de europeos esta depresión ya ha llegado. Estos son los costes de continuar creyendo y aplicando el dogma.

Una última observación. La enorme fuerza e influencia del pensamiento neoliberal en España (resultado del gran poder que tiene la banca y la gran patronal en los fórums mediáticos y políticos) se refuerza con la enorme pasividad de las izquierdas. Y no me estoy refiriendo a los partidos políticos (a los que habría que reformar sustancialmente) y a los sindicatos sino a las personas que se consideran de izquierdas y que con su pasividad están permitiendo que tal pensamiento y las políticas que las sustentan (que están haciendo mucho daño) continúen. De ahí que me permito sugerirle al lector de este artículo que se movilice y que, si está de acuerdo con la tesis que expongo (enormemente minoritaria en España, debido a su marginación en los medios), envíe este artículo a todo tertuliano, a todo periodista, a todo canal informativo que reproduce tal dogma, a fin de mostrarles que lo que dicen y promueven no tiene ninguna base científica, denunciando con ello, su función propagandística en lugar de informativa. Permítame una observación personal. Mi blog recibe alrededor de 10.000 contactos al día. Si suponemos que al menos un 10% coinciden con mis tesis y éstos enviaran cartas o llamaran a los medios cada vez que tal propaganda ocurre, tales medios captarían el mensaje de que la población es consciente de su actitud propagandística, exigiéndoles mayor rigor y diversidad. La enorme pasividad de las personas de izquierda debería sustituirse por una agitación social e intelectual que mostrara las enormes falsedades de la sabiduría convencional que se reproduce a través de los medios de información de mayor difusión, transformándolos en medios de persuasión. Una de las grandes insuficiencias de la democracia española es precisamente la falta de diversidad de tales medios. La ciudadanía debería movilizarse para protestar y denunciar tal situación.

02
Jul
12

Sobre la autoestima y la selección nacional

Carta enviada al director de EL PAÍS, 2 de julio de 2012.

Estimado señor director de EL PAÍS:

Leí hace dos días su artículo de opinión sobre la autoestima y la selección. Hoy, apenas unas horas después de que esos chavales consiguieran el triunfo histórico, quisiera hacer una reflexión sobre el mismo.

Dicen ustedes en su artículo que los españoles “se dividen, como en todo gran acontecimiento, en dos grandes facciones”: los que con la posible victoria de la selección se consuelan ante las malas situación y perspectiva económicas, y quienes ponen el acento en que la victoria en Kiev no nos salvará de los recortes, de la subida de la prima de riesgo o del aumento del paro.

Quiero pensar que más allá de ese dualismo secular de las dos Españas, existen personas que nos consideramos de una tercera facción. Personas que consideramos que el fútbol, como cualquier deporte, cumple la función social de promover valores. Y si por algo se justifica la existencia de un espectáculo que mueve tantos recursos económicos, debería de ser casi exclusivamente por ello. Hay algunas personas –pocas, pero creo que cada vez más– que creemos que el fútbol, el deporte en general y nuestra selección en particular, deberían inspirar y representar en la población los valores con los que juegan en el campo.

Afán de superación, que nos ha permitido dejar de creer en la superstición de la maldición de cuartos, que nos ha mostrado que podemos traspasar nuestros propios límites. El valor del esfuerzo, que ha demostrado como el trabajo intenso, paciente, de toda una vida da unos frutos más que merecidos. Solidaridad y compañerismo, porque la selección es un equipo, un equipo en el que todos ganan o pierden todos juntos, en el que las individualidades y las personalidades se aceptan siempre que todos colaboran para el bien común. La inteligencia, la sabiduría, la técnica, el arte: el juego bonito, que nace del saber hacer, del buen hacer, pero que no se basa en meras tentativas, sino que es el resultado lógico de conjugar esfuerzo con cabeza. Estos son algunos de los valores e ideales que a algunos nos inspira la selección.

Puede que mañana lunes la prima de riesgo vuelva a dispararse, puede que de nuevo los mercados nos amenacen con desahuciarnos, puede que este tercer torneo en cuatro años no nos sirva para que baje el paro. Pero estos chavales nos están marcando el rumbo. Y lo hacen al igual que antes que ellos lo han hecho tantos otros brillantes deportistas en otras disciplinas, al igual que tantísimos científicos o artistas que triunfan más allá de nuestras fronteras, al igual que la gran marea silenciosa de magníficos profesionales que, a pesar de todos los problemas, consiguen que este maldito y dichoso país aun siga adelante. Ellos nos marcan los valores y los ideales que llevan al triunfo.

Hace poco más de cuatro años era un sueño pensar que, por una vez, España podía pasar de cuartos. Hace poco más de cuatro años cualquiera que hubiera dicho “España va a ganar dos veces la Eurocopa y encima también el Mundial que media entre ellas” hubiera provocado carcajadas. Y sin embargo estos chavales, con sus valores, con sus ideales, con su ejemplo nos han demostrado hasta dónde podemos llegar.

Existe una tercera forma de entender eso de “todos con la roja”.

30
Abr
12

Cuando la realidad imita al arte.

Llámenme conspiranoico, pero tengo una teoría. Tengo la teoría de que –al menos en esta crisis– la realidad nos está intentando comunicar un mensaje secreto. Un mensaje en forma de imágenes propias del Renacimiento. Y creo que, lo sepan ellos o no, los fotógrafos de noticias políticas son los intermediarios de ese mensaje.

¿Acaso no parece aquí Obama pintado por el mismísimo Giotto?

O la chica de la foto del movimiento Occupy Wall Street, ¿no parece pintada por Leonardo?

Y para finalizar, les presento a los nuevos ángeles de la Madonna Sixtina (los famosos angelitos de Rafael):

Se agradecerán nuevas “avistaciones”.