Archivo para 25 enero 2009

25
Ene
09

Selección natural.

Voy a contestar a mi amigo Rafa Oliva, a quien mando un enorme saludo -espero que podamos vernos tranquilamente la próxima vez que vaya a España-, que ha tenido la amabilidad de hacerme partícipe de sus reflexiones sobre la selección natural en el caso de la especie humana en la actualidad. Su comentario es el siguiente:

<<Mmm…

Ya llevo un tiempo dándole vueltas a ese asunto, así que
lo que voy a escribir a continuación no es fruto de la improvisación,
si no de un largo proceso de reflexión. Para empezar la selección
natural YA NO EXISTE en el ser humano. Y se demuestra muy fácilmente,
contestando a la siguiente pregunta: ¿los menos aptos al medio tienen
menos posibilidades de reproducirse? Obviamente no. Hemos llegado a un
punto en el que prácticamente cualquiera tiene la oportunidad de contar
con descendencia.

Eso nos lleva a una doble pregunta: ¿quienes
son los más adaptados al medio? ¿y los menos adaptados? La respuesta es
difícil. Si estuviéramos en el medievo los más adaptados serían los más
fuertes, los que pudieran aguantar con más posibilidades de éxito las
épocas de hambruna, las plagas, las guerras… la adaptación sería una
cuestión de fortaleza física. En la actualidad no es necesario ser
fuerte para sobrevivir, ya que la nuestra es una sociedad más bien
"pasiva". Alguien podría decir que ahora los más adaptados son los más
inteligentes, ya que esta es la sociedad del conocimiento pero…
¿realmente es así? Una mente privilegiada no otorga directamente una
posibilidad mayor de reproducirse, ni siquiera te ayuda a seleccionar
una buena pareja que intervenga en la crianza de tu prole.

Otros
pueden pensar que, ya que vivimos en un mundo gobernado por un invento
humano (el dinero), los más adaptados serían los más ricos. Sin embargo
son precisamente los pobres los que cuentan con mayor número de hijos.
¿Son entonces los más adaptados los más famosos? Tampoco, muchos
famosetes dejan mucho que desear como personas.

La teoría que
cuenta con más puntos es la del señor Ruiz… los más adaptados son los
más felices. Puede ser, pero incluso los infelices tienen la
posibilidad de reproducirse.

La consecuencia es clara: La
selección natural no se cumple en el ser humano. También podría decirse
otra cosa, y es que la selección natural se ha dividido en varios
caminos, o que existen VARIAS SELECCIONES NATURALES. Je, je, esto sí
que no se lo esperaba nadie.

En primer lugar tenemos la
selección de los "guapos". Los más guapos se "agrupan" entre ellos, al
menos a grosso modo. Esto llevará dentro de unos milenos a una subraza
de guapos. Lo mismo ocurre con los "feos", aunque esté feo decirlo
(válgame la redundancia). También aplicamos la premisa a la clase
adinerada ¿quién ha visto a un rico casarse con un pobre? jo, jo, yo
no. Así llegaremos a una subraza de ricos y otra de pobres, cosa que
casualmente ya existe en la actualidad.

Caballeros, decidme qué pensais de esta teoría.>>

Para empezar, estoy encantado con poder crear un espacio de discusión sobre un tema tan apasionante. Dicho esto, paso inmediatamente a contestar:

Contesto comenzando por una pregunta. Rafa: ¿has salido alguna vez un sábado por la noche dispuesto a ligar y has regresado a casa horas después sin haberte comido una rosca? No lo digo por ti, es más, ¿no le ha pasado lo mismo a tus amigos decenas de veces? ¿No pondrías la mano en el fuego para asegurar que a casi todos nos ha pasado eso más de una vez (y de dos)? Y recalco CASItodos. No es que diga que a mí no me ha pasado -qué más quisiera-, pero también estoy convencido de que si te paras a pensar un rato, se te ocurrirá alguna otra persona a la que te cuesta mucho imaginar que le llegara a ocurrir eso, que salga una noche dispuesto a ligar y regrese a casa frustrado por no haberse comido nada.

Otra pregunta: ¿te irías con cualquier tía? ¿Con cualquiera? ¿Te vale lo mismo una modelo de 23 años que una señora de 80? Incluso en una noche de esas de las que sales a ligar, como sea, ¿no tienes unos parámetros, un listón que pones tú mismo para decidir con quién te vas y con quién no?

Eso, que suena tan superficial, no es otra cosa que selección natural. Si no existiera la selección natural, nos conformaríamos con cualquier cosa. Es más, si no existira la selección natural, cada media hora nos acercaríamos a una persona del sexo opuesto y nos pondríamos a follar. Así de sencillo, porque lo importante es que nuestros genes pervivan, y es evidente que cuantas más veces lo intentes, más probabilidades hay de que dejes a una chica embarazada, y todo lo demás. Si no existiese la selección natural, las chicas no tendrían tampoco gusto ninguno, y les daría igual Geoerge Clooney que el tendero de la esquina. Y de hecho, si no existiese la selección natural, las mujeres serían tan promiscuas como lo serían los hombres.

La selección natural es un proceso bastante complejo, mucho más de lo que aparenta. Darwin fue el que lo descubrió, y lo expuso con los datos que tenía hasta ese momento. Pero carecía de cierta información. Darwin publica El origen de las especies -obra en la que expone la teoría de la evolución mediante la selección natural- en 1859, mientras que Mendel publica sus leyes sobre genética entre 1865 y 1866, aunque estas fueron ignoradas hasta 1900. No es hasta 1910 que Thomas Hunt Morgan realizó los experimentos que demostraban claramente el papel que juegan los cromosomas en la herencia. Es decir, Aunque Darwin descubrió acertádamente cual es, a nivel macroscópico, el principio de selección natural, lo hace demasiado burdamente -aunque de la única manera acertada que podía hacerse con los conocimientos de la época-, sin encontrar la relación con los genes que nosotros conocemos. ¿A qué viene esto? Esto viene a un cierto error de perspectiva que se tiene usualmente respecto al principio de selección natural y la teoría de la evolución.

He de confesar algo: a mí no me terminaba de convencer la teoría de la evolución. No el principio de selección natural y lo que dice Darwin, sino la exposición que se hace de ella de forma habitual. No me convencía el papel de los genes en todo esto. No voy a entrar en detalles, porque son de caracter bastante técnico, y son precisamente los detalles lo que me hacían dudar. Lo que sí quiero decir es que hace poco descubrí un libro que eliminó cualquier vestigio de duda, un libro que realmente no es técnico, pero que expone la evolución desde una perspectiva completamente distinta a como se hace habitualmente. El libro es nada más y nada menos que El gen egoista, de Richard Dawkins, escrito en 1976, y que se ha convertido en uno de los libros de referencia sobre la teoría de la evolución. Aconsejo a todo el mundo que lo lea, porque la evolución y su mecanismo de selección natural cobran un nuevo significado bajo la óptica de ese libro. Un significado bastante trascendente.

Esencialmente, El gen egoista expone que el protagonista de la historia no es el individuo ni la especie, sino el gen. Considera que los individuos no somos otra cosa que grandes máquinas biológicas que los genes se han encargado de construir para asegurarse la supervivencia. Somos como grandes robots a su merced. El principio de selección natural no es, así, otra cosa más que una retorcidísima manifestación (a escala biológica) de otro principio de la naturaleza mucho más básico: el principio de la tendencia a la máxima estabilidad, que a su vez es una manifestación química de otro principio físico aun más fundamental: el principio de conservación de la energía. La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Los campos electromagnéticos que los átomos y las moléculas generan a su alrededor provocan que ese principio se manifieste como el principio de máxima estabilidad, que viene a decir que las sustancias que menos energía requieren para formarse son las más estables. Esa tendencia a la estabilidad es lo que provocó, en un larguísimo periodo de tiempo de miles de millones de años, que algunas moléculas fueran agrupándose, formando cadenas, y poco a poco aparecieran los genes. Esos genes, por el mismo principio de máxima estabilidad, sólo terminaban sobreviviendo cuando se protegían a sí mismos encerrándose detrás de una membrana. Así es como terminaron por aparecer las primeras células. Sólo las células que eran lo suficientemente estables como para aguantar sin descomponerse en el medio en el que se desarrollaban, sobrevivían. Y sólo aquellas que eran capaces de autoreplicarse fueron las que, además de sobrevivir, pervivieron. Así, la célula, no es otra cosa que una máquina que construyen los genes para protegerse y continuar siendo estables. Todo lo demás (la aparición de colonias de células, que poco a poco van deveniendo en la aparición de tejidos, órganos, y así hasta los seres pluricelulares funcionales) no es más que adaptación. Somos, en último término, colonias de máguinas de autodefensa de los genes. Colonias complejísimas de máquinas a su vez complejísimas. Y sólo aquellas colonias que sobreviven mejor y que mejor se adaptan al medio son las que cumplen la función de permitir a los genes pervivir y autoreplicarse.

Todo esto lo expone Dawkins infinitamente mejor que yo en su libro.

Antes de continuar, quisiera recalcar una cuestión. Lo que acabo de exponer sucintamente es un modelo científico, lo que normalmente se denomina una explicación científica. La Ciencia tiene como fin la creación de modelos de la realidad. Un modelo científico de un cierto fenómeno no tiene por qué ser el fenómeno en sí. Voy a poner un ejemplo que todos deberíamos comprender: la gravedad. El fenómeno gravotatorio es algo que todos conocemos: Si levantas tu mano y abandonas la fuerza muscular con la que la sostienes, tu brazo cae. Los planetas giran alrededor del sol por el mismo fenómeno gravitatorio. Para el mismo fenómeno gravitatorio existe distintos modelos (explicaciones) diferentes. En concreto, para el movimiento de los planetas tenemos los siguientes modelos: el de Ptolomeo, que dice que los planetas giran en helicoides alrededor de la tierra (modelo intuitivo, complejo, pero válido dentro de la astronomía de posición), el modelo de Kepler (no intuitivo, relativamente sencillo, descriptivo y válido en otros campos de la astronomía), el modelo de la ley de gravitación universal de Newton (no intuitivo, sencillo y válido tanto en mecánica celeste como en mecánica) y por último la relatividad (no intuitivo, nada sencillo, pero tremendamente potente en múltiples campos de la física). Todos ellos describen el mismo fenómeno, y todos ellos lo hacen lo suficientemente bien en su ámbito adecuado. Eso quiere decir que, por ejemplo, para un aficionado a la astronomía, la teoría de la relatividad no le sirve para determinar y describir (en la práctica) el movimiento planetario que él ve de hecho cada noche con su telescopio, o que un ingeniero ni se plantee intentar usar la relatividad a la hora de calcular cuantas piezas de motor soporta colgadas una misma cadena de montaje. Pero a ningún científico de la NASA se le ocurriría intentar usar la leye de Keple ni la ley de gravitación universal de Newton a la hora de calcular la trayectoria de un asteroide que pudiera colisionar con la Tierra. Cada modelo consiste en una serie de reglas que describen el comportamiento básico de un fenómenos, y las consecuencias lógicas de esas reglas. Para que consideremos válido ese modelo, además tiene que cumplir 3 condiciones: que sus reglas describan de manera realista el comportamiento básico de ese fenómeno, que las consecuencias lógicas de esas reglas no entren en contradicción con hechos reales, y que sea útil para el ámbito al que nos restringimos. Se considera especialmente interesante un modelo si además es capaz de enlazar con los modelos de otros fenómenos de manera lógica. Es por eso por lo que, por ejemplo, la teoría de la relatividad es mejor que las otras teorías expuestas sobre el fenómeno gravitatorio: porque no sólo explica el fenómeno y lo hace con mayor precisión que los otros, sino porque también es capaz de enlazar con ciertos fenómenos de la mecánica cuántica.

Aclarado lo que es un modelo científico, vamos a aclarar ahora lo que no es. Un modelo científico no es el fenómeno que describe. No es la explicación del porqué del fenómeno -al menos, no lo pretende, no se le exige eso a un modelo-, sino del cómo ocurre. En puridad, el modelo científico no pude decir nunca: "la ley de la naturaleza que gobierna tal fenómeno es ésta", sino que dice: "éste fenómeno natural puede ser descrito y predicho mediante esta serie de reglas" (con suficiente aproximación). Así que, estrictamente hablando, ningún modelo científico aspira a desvelar la realidad. Eso es ámbito exclusivo de la filosfía. Por otra parte, algunos modelos son tan tremendamente claros que es difícil separar modelo de ley natural…

Volvamos a lo que dice Dawkins, y recordemos que lo que expone es un modelo científico. Es una descripción de la realidad especialmente útil para comprender, interpretar y predecir el comporetamiento evolutivo. ¿Significa eso que lo que dice es lo que ocurre en realidad? No necesariamente. Desde luego, la sencillez de su discurso puede hacer pensar a más de uno que ha dado completamente en el clavo, que ha descubierto cuál es el modelo real del comportamiento. Es decir, que sólo sómos máquinas gigantes para que los genes se perpetuen. Eso es algo perfectamente posile, pero lo que hay que tener en cuenta es que no es eso lo que pretende ser un modelo científico. Lo que pretende el modelo científico expuesto por Dawkins (que, repito, no es otra cosa que la descripción del proceso evolutivo mediante la selección natural) es describir de manera acertada (muy acertada, añado) cómo se produce esa selección natural y esa evolución. Y es especialmente interesante, porque es capaz de enlazar directamente con la química y la física.

Volviendo al tema que expone Rafa, es imposible eliminar el proceso de selección natural del comportamiento de cualquier ser vivo. De hecho, si me apuras, te diré que se produce hoy en día entre los humanos exáctamente igual que como se ha venido produciendo durante cientos de miles de años. Lo único que ha cambiado es el medio. ¡Pero es que nuestros genes aun no se han enterado de eso!

Voy a poner un ejemplo sencillo y divertido sobre cómo funciona realmente el principio de selección natural. Se me ocurrió hace un par de años. Estaba pensando en el tópico de que todas las chicas atractivas son tontas. Llegué a la conclusión de que en realidad es que no existen chicas feas y tontas. Se extinguieron. Piénsalo: si una chica no es lo suficientemente inteligente, tiene menos probabilidades de reproducirse que una chica inteligente, y su descendencia tendrá menos oportunidades en la vida (menos posibilidades de sobrevivir). Por otro lado, lo mismo le ocurre a una chica que no sea atractiva. Luego una chica poco inteligente y que no sea atractiva tiene menos posibilidades de reproducirse que cualquier otra chica. Con el tiempo, sencillamente terminaron extinguiéndose. Así que las únicas chicas tontas que quedan son las atractivas. La gente ha ido asociando belleza con estupidez, porque las únicas mujeres estúpidas eran, además, bellas. Eso no quiere decir que todas las mujeres atractivas sean tontas, sino que todas las tontas son atractivas, que es distinto. (Un amigo mío fue más allá, e hizo el siguiente comentario bastante cruel: "por eso todas las gorditas son simpáticas".) Entre las mujeres inteligentes, las hay atractivas y las hay que no lo son. La inteligencia -aunque muchas mujeres lo pongan en tela de juicio- sí es un atractivo para un hombre. Puede que no de manera inmediata, pero sí a medio plazo.

La selección natural está grabada en nuestros genes. Nuestra especie se formó hace entre 200.000 y 300.000 años, allá por la sabana africana, en grupos pequeños de cazadores y recolectores. El jefe del grupo era el cazador más hábil. A él le correspondía la mejor parte de la caza (porque, por definición, su contribución a la caza era esencial). Así que el jefe de los cazadores, el cazador más hábil, era el que más posibilidades de reproducción tenía: por un lado, sus genes eran los más apropiados para obtener alimento, para sobrevivir, y por otro, al ser el mejor cazador, es el que mejor puede alimentar a su prole, luego sus descendientes tienen mejores posibilidades y mayores probabilidades de supervivencia. ¿Qué características tiene ese cazador? Fuerza, liderazgo, poder económico y social, centro de atención… ¿Te suena de algo? ¿No son acaso las características del ligón del grupo, de ese al que no conseguimos imaginarnoslo volviendo un sábado por la noche a casa, cuando se había propuesto ligar esa noche…?

Nuestro medio ha cambiado mucho desde los tiempos en que se formó nuestra especie, que son los tiempos en que nuestros genes determinaron nuestro comportamiento sexual mediante selección natural. Desde el punto de vista evolutivo, los tres siglos de veradero cambio del medio que nuestra especie ha experimentado no son nada. Nuestros genes siguen pensando que vivimos en medio de la sabana africana, en grupos de 10-40 individuos, cazando y recolectando. Por eso nos sentimos físicamente mal cuando no hacemos ejercicio, y por eso el deporte libera endorfinas. Nos sentimos realmente bien cuando hacemos ejercicio regularmente. Si no ligas ni a la de tres, en lo primero que piensas es en ir al gimnasio y ponerte cachas. A todos nos gusta la naturaleza, y los días soleados. Todo, todo eso, en el fondo, no son más que vestigios de lo que nuestros genes nos dicen que tenemos que hacer para sobrevivir: salir ahí a fuera a recolectar y cazar, y ser el mejor cazador para tener mayores posibilidades de reproducción.

Es curioso que todo a lo que has apuntado como posibles variaciones futuras de nuestra especie sean, en último término, característacas fácilmente asimilables al jefe de cazadores de la tribu. Tu subconsciente te dice lo que los genes creen que es mejor para sobrevivir y reproducirse: ser fuerte, inteligente, guapo, tener dinero suficiente (economía=comida, desde el punto de vista biológico)…

La cuestión no es que la selección natural ya no se aplique, sino que se da en un medio distinto. Cuando nuestra especie se formó, los grupos eran de entre 10 y 40 miembros y eran nómadas. Toda la población junta de la época difícilmente llenaría algunos de nuestros estadios de deportes. Los contactos entre grupos eran muy esporádicos. Es por eso que las posibilidades de reproducción eran bastante limitadas, al menos en comparación a como lo son hoy en día. Como curiosidad, esa es -se presume- la razón por la cual, cuando te encuentras a una chica extremadamente atractiva y te acercas a ella para intentar ligar, te sientes nervioso y temeroso: cuando nuestra especie se formó, la posibilidad de encontrar a una chica atractiva, desconocida y sola, era sencillamente nula, así que lo más probable es que, no muy lejos, rondaran los cazadores de su tribu, que no iban a ver con muy buenos ojos eso de que un tío de otra tribu se la beneficiara. Nuestro miedo no es sino la respuesta evolutiva a que vengan a rompernos gentilmente la cabeza a garrotazos. En el fondo, aunque vivimos en una enorme tribu global de varios miles de millones de personas, nuestra psicología sigue siendo la de la tribu: familia, amigos, trabajo, y poco más. El medio es pues, reproductivamente hablando, un círculo bastante cerrado. Y ahí es donde la selección natural es aplicable. Es por eso por lo que te preguntaba al principio si nunca habías vuelto a casa sin haber ligado un sábado por la noche. Es por eso por lo que seguro que alguna vez has experimentado, o visto muy de cerca, cómo una chica prefiere a cierto chico de un mismo grupo, y cómo ellos "compiten" entre ellos por ella. Es ahí donde realmente se da la selección natural como proceso, y no a nivel global, como especie. Porque a nivel global tampoco se aplica la selección natural a ninguna otra especie. Se aplica a grupos de individuos. En un grupo, los mejores adaptados al medio son los que sobreviven y se reproducen. Lo que ha cambiado para nosotros es que los humanos cambiamos el medio, y si hace falta, e grupo ("Como con esta gente no ligo ni a la de tres, me busco nuevos amigos"; "Ha empezado a salir con otra gente porque no le gustaba ninguna de los/las chicos/chicas de este grupo"…)

¿Dónde está la relación con lo que expuse en mi anterior artículo? Creo que está clara, pero por si acaso, la reexpongo: ahora mismo, la selección natural sigue los mismos procesos evolutivos que hace varios cientos de miles de años, solo que el medio ha cambiado y la posibilidad de reproducción y supervivencia es mucho más alta. Pero no es cierto que TODO el mundo sobreviva, ni que TODO el mundo se reproduzca. Sí que es cierto que en nuestra sociedad es mucho más sencillo sobrevivir y reproducirse (trabajito nos ha costado conseguirlo: guerras, revoluciones, huelgas…), pero eso a lo que nos lleva es a una cierta "homogenización" de la especie. Como ahora sobreviven y se reproducen individuos que antes difícilmente lo hubieran logrado, precisamente ahora más se va a notar aquello que sea diferente de lo normal, aquello que sea más "atractivo".

Los sentimientos no son otra cosa que la manera que tiene tu sistema neuronal de informarte sobre lo conforme que está con respecto a tus esfuerzos por sobrevivir y reproducirte. Es decir, te dicen cómo está de acuerdo tu vida con respecto a lo que tu programación genética -adecuada a un medio completamente distinto del actual- piensa que es lo mejor para ti (para tus genes). Si tu vida se aleja de los objetivos básicos de supervivencia y reproducción (por ese orden), tendrás sentimientos de agobio, tristeza, ansiedad, etc. Conforme hagas esfuerzos por encaminar tu vida hacia esos fines (las funciones biológicas por antonomasia), tu programación genética (subconsciente) comenzará a darse por satisfecha, y producirá sensaciones para decirte: "¡Muy bien, chaval, eso es lo que tienes que hacer!". Eso es, ni más ni menos, la felicidad.

¿Cuál es mi propuesta? Engañar a los genes. Ellos aun no se han enterado que dejamos la sabana africana hace varios cientos de miles de años. Son ciegos y sordos. De lo único de lo que se enteran es de si la comida es un problema (el problema económico, supervivencia) y de si "hacerlo" es un problema (el problema sexual, la reproducción). Pero es que ni siquiera se preocupan de la solución del problema. Sólo quieren saber si relamente lo intentas, si estás haciendo lo suficiente para lograrlo. Suponen que si lo intentas, lo lograrás. Si no lo logras, es que no eres apto para el medio, y te extingues, pero al menos lo has intentado, y ellos no objetan nada. ¿Qué tienes que hacer para engañarlos? Mantenerte activo, en forma y tener una vida social también activa. Por supesto, también tener una mente activa (ser el mejor cazador no sólo significa tener la espalda más ancha, sino también ser inteligente como para organizar una táctica efectiva en cuestión de segundos). Con eso es suficiente.

Cuando tu cuerpo y tu mente funcionan bien, cuando la gente te quiere y te respeta, eres feliz. La felicidad es una sencilla consecuencia de engañar a tu subsonciente (programación genética de tu comportamiento) para que piense que haces lo adecuado. Los sentimientos que experimentamos son, entonces, positivos.

¿Qué pasará en el futuro? Eso nadie lo sabe. Yo pienso que la evolución es muy lenta en términos humanos, y que los cambios que realizamos en nuestro medio cambian demasiado rápido como para que tengan respuesta alguna en la selección natural. Pero al haber más gente y más posibilidades de sobrevivir y reproducirse, la gente que más se esfuerce por mejorar será la que más sencillo tendrá eso de engañar a los genes, y a la vez será a la que mejor le vayan las cosas en la vida. Como dije antes, no todo el mundo consigue sobrevivir o reproducirse. Con el paso de los milenios, si las condiciones son como las actuales o mejores, es posible que la selección se agudice más, que la gente sea más exigente con lo que busca en la vida (al haber más gente, puedes elegir mejor), con lo que ciertos comportamientos irán quedando atrás, y la gente que no se esfuerce por mejorar, sencillamente no conseguirá encontrar pareja. Esa es mi tesis. Pero vamos, que en ningún caso pienso que sea algo que ocurra en menos de unas cuantas decenas de miles de años… Ni tú ni yo podremos nunca saber quién de los dos tiene razón.

Anuncios
24
Ene
09

Un nuevo amanecer (II)

He hecho un pequeño descubrimiento. Es sólo una sencilla consecuencia de mis últimas lecturas. Lo expongo a continuación:

Según el principio de selecció natural, los mejores adaptados al medio son los que sobreviven y tienen descendencia. Eso significa, entre otras cosas, que todos los seres vivos de este planeta son el resultado de un selectivísimo proceso, en el que se ha ido dejando atrás todo aquello que no se adaptaba lo suficientemente bien al medio. Desde la más simple ameba hasta cualquier ser humano vivo, todos y cada uno de los seres vivo de este planeta son el resultado de decenas de miles de años de evolución. Cada uno de los seres vivos actuales es el descendiente de una larguísima cadena de perfeccionamiento que nos une directamente con la primera célula viva. Cada uno de nosotros, cada ser vivo, es el último modelo de un extremadamente duro proceso de selección y perfeccionamiento. Somos -desde la más simple ameba hasta cada uno de los seres humanos de este planeta- seres casi perfectos.

Lo que digo se aplica, repito, tanto para nosotros los humanos como para cualquier otro ser vivo. En ese sentido, no somos distintos del resto de seres vivos. Todos se han adaptado al medio tan bien como nosotros. Incluso la mayoría de las especies nos lleva una ventaja evolutiva, como especie, de cientos o incluso miles de millones de años. Pero nuestra especie, este prototipo particular, sí que tiene algo especial. Somos la única especie que no se conforma con adaptarse al medio de manera natural, sino que también lo hace usando su inteligencia y su esfuerzo. En cierto sentido, somos la única especie que además de adaptarse al medio, también adapta el medio a sus necesidades.

Desde Darwin se ha puesto en tela de juicio si realmente somos una especie especial, tocada de la mano de Dios, o sólo una especie más en nuestro planeta. Creo que después de manifestar esta idea no cabe ya la menor duda: somos especiales. Tenemos un mecanismo de adaptación que nos permite modificar el medio para poder sobrevivir en él sin tener que pasar por la selección natural. Se la hemos jugado a la Naturaleza. Somos la única especie capaz de hacer esto. Así que, desde el punto de vista estrictamente evolutivo, la especie humana es la más perfecta de cuantas han existido hasta el momento, pues es la única capaz de adaptar las circunstancias que lo rodean para sobrevivir en medios en los que no le es posible sobrevivir en condiciones naturales. En la Evolución no existe la perfección, pero el género humano es, sin duda, el que más cerca está de conseguirla.

Ahora consideremos ambas ideas juntas. Cada ser humano vivo es, pues, el resultado de un proceso de selección extremadamente exigente, y a la vez pertenece a la especie más perfecta que ha dado nuestro planeta. Cada uno de nosotros somos los descendientes de sólo los mejores entre los mejores, en la mejor especie del planeta. Durante el último medio millón de años, através de distintas especies realmente, los homínidos hemos ido, generación tras generación, dejando atrás aquello que no era exactamente lo mejor para nuestra supervivencia. Eso ha ocurrido incluso cuando el medio ha cambiado. Así que tú, lector, como yo y como el resto de los seres humanos, de cada uno de los seres humanos, es al menos tan perfecto como cualquiera de nuestros antepasados. Somos los herederos biológicos de sólo los mejores. Somos la flor y la nata de la mejor especie que ha sabido dar este planeta hasta ahora. Somos casi perfectos.

Alégrate, hermano, porque estamos vivos. Y eso significa que somos más valiosos incluso que los diamantes. Somos como enormes diamantes vivos. Somos los mejores entre los mejores.

Pero no te duermas en los laureles, hermano. Somos como diamantes, pero cada uno de nosotros es un diamante en bruto, y un diamante en bruto es sólo la materia prima. Estamos hechos de la mejor materia prima del planeta, de la mejor madera. Pero el diamante no es el brillante. Es necesario tallarse, pulirse y trabajarse para obtener una joya, una obra de arte. Tanto física como intelectualmente, cada uno de nosotros puede tallarse, modelarse, perfilarse.

Puedes abandonarte y permitir que el diamante ruede, rompiéndose, perdiendo calidad, llenándose de impurezas. Puedes permitir que tu cuerpo se anquilose, engorde, se llene de toxinas, de humo, de un sin fin de sustancias que sólo van a hacerlo funcionar cada vez peor. Puedes permitir que tus músculos se atrofien, se encojan, se vuelvan lentos, débiles, se hagan torpes. Puedes desperdiciar tu inteligencia, tu capacidad de aprender, tu capacidad de pensar y de idear cómo modificar aquello que te rodea para hacerlo más adecuado a ti mismo. Puedes, si quieres, ignorar el conocimiento acumulado por todos los que te precedieron, la inmensa cantidad de sabiduría que nos ha llevado a ser lo que somos. Puedes perfectamente abandonarte a la estupidez y la ignorancia, llenar tu cerebro de basura, usarlo sólo para decir tonterías… Pero no olvides que la selección natural sigue su curso, y que alguien así no le interesa a la Naturaleza. Estás condenado a la extinción. Eres carne de cañón de los depredadores.

He escuchado diversas opiniones que dicen que estamos pervirtiendo nuestra evolución como especie. Que la medicina, las tecnologías, el progreso y todo lo que nuestra cultura ha conseguido hacer, nos está haciendo más débiles, menos inmunes. Dicen algunos que eso significa un paso atrás en la evolución, una involución. Es una opinión, y como tal la respeto, y la tengo presente. Aunque tengo un par de cosas que decir al respecto:

La primera es que la cultura humana tienes unos 10.000 años desde que, en el mejor de los casos, entró en el neolítico (aparición de la agricultura y la ganadería), 5.500 desde que entró, en el mejor de los casos, en la edad de los metales (trabajo del cobre), 4.000 años desde que se comenzó a escribir, y apenas entre 2 y 3 siglos desde que las revoluciones sociales europeas y los avances científicos trajeron poco a poco cambios sustanciales en las condiciones reales de vida de buena parte de la población (cambios que, por otro lado, siguen vedados económicamente para la mayor parte de la población actual). Estamos pues hablando de periodos de tiempo extremadamente pequeños en términos evolutivos. El género homo tiene alrededor de dos millones y medio de años, y nuestra especie comenzó a evolucionar realmente hace entre 100.000 y 300.000 años. Estamos pues hablando de la influencia que han podido tener relamente las últimas diez o veinte generaciones en un proceso de selección en el que la evolución ya se encargó de eliminar anteriormente a aquello que no se adaptaba mucho tiempo antes. ¿Qué son diez generaciones frente al entre medio millón y millón y medio de generaciones que antes han ido realizando ese proceso de selección…?

La segunda cuestión que me gustaría poner de manifiesto es cuál es el verdadero sentido de la selección natural. Hay quien piensa que se trata de un camino prefigurado que nos lleva hacia la perfección. Es como si existiera una inteligencia superior guiando el proceso, con una determinada intención prefigurada. No quiero entrar en este debate con connotaciones tan cláramente religiosas. Pero, ateniéndonos a lo que la Teoría de la Evolución dice, sin salirnos de ella, la interpretación no es exactamente esa. Lo que dice el principio de selección natural es que, de entre todos los individuos de una población, en un momento dado, sobreviven y se reproducen aquellos que mejor se adaptan al medio en el que viven. Eso implica varias cosas. La primera es que la Evolución no tiene un camino prefigurado -al menos no de manera distinta al que las Leyes de la Naturaleza tiene prefigurado de antemano, desde un punto de vista científico determinista-, sino que dependiendo de las condiciones ambientales y del material genético de una población concreta, tomará unos derroteros u otros. Otra cosa que implica ese principio es que, en nuestra situación particular actual, los mejores adaptados a nuestro medio serán los que marquen la pauta evolutiva.

¿Significa eso que seremos más débiles, menos inmunes? No necesariamente. Significa que poseemos una herramienta, la medicina, que nos permite evolucionar sin tener en cuenta demasiado algo que hasta ahora había sido propio del medio natural: nuestra exposición a las enfermedades. Hasta ahora ese había sido un factor determinante en el proceso evolutivo. Ahora, gracias a nuestra inteligencia, nuestro esfuerzo y nuestro conocimiento, hemos logrado eliminar ese factor de la evolución, o al menos suavizarlo.

La selección natural sigue adelante, pero de manera distinta a como lo ha hecho hasta ahora. El medio ha cambiado, pero nuestros genes aun no lo saben. Para nuestros genes, seguimos siendo tribus de pocos individuos nómadas en busca de caza y frutas. Pero la realidad es que nuestro medio es una sociedad completamente organizada. ¿Cómo funcionará entonces la selección natural?

Exactamente de la misma manera que lo ha hecho hasta ahora: el mejor adaptado al medio es el que más posibilidades de supervivencia y reproducción tiene.

¿Por qué tenemos todos unas ideas prefiguradas sobre lo que es triunfar en esta vida? ¿Es un producto cultural, o acaso no será precisamente la manera que tiene nuestra naturaleza de considerar quién está mejor adaptado al medio?

Recuerdalo, hermano. Tu trabajo, tu esfuerzo, tu ambición, tus ganas de ser algo, tu disposición a trabajar por conseguirlo, eso es exactamente lo que tu naturaleza te pide. Eso es tallar tu diamante, hacerte a ti mismo. A eso nos llama la selección natural. Puedes olvidarlo todo y abandonarte, no querer mejorar, pensar que basta con tener la mejor materia prima. Pero yo te digo que eso no es suficiente. La felicidad no es otra cosa que la manera en que nuestra naturaleza avalua nuestro posibilidad de sobrevivir y reproducirnos, y nuestra naturaleza nos pide algo muy concreto: perfecciónate, consigue lo mejor de ti mismo, modélate, tállate.

Supérate a ti mismo. En el proceso, serás feliz.

23
Ene
09

Gnosei seauton

Has estado ahí toda mi vida. No sé si es que en algún momento te perdí o es que nunca supe que existías. Pero siempre has estado ahí. Lo sé, sé que siempre has estado ahí, en negativo, faltando. Eras exactamente ese hueco que sentía, ese trozo de mí que añoraba sin saberlo, sin saber siquiera que me faltaba un trozo.

Por alguna razón, por algún oscuro motivo, te encondiste, faltaste, desapareciste, y mi vida ha sido desde entonces una búsqueda infructuosa. Tu búsqueda. Mi búsqueda. Un laberinto sin hilo ni minotauro. Pero estaba buscando el hilo, cuando encontré la salida.

Ahora yo soy exactamente tú. Exactamente tú. Me has enseñado el camino. Me has abierto los ojos. Me has hecho comprender que aquello que me faltaba, aquel hueco que sentía dentro, esa angustia vital, esa pregunta a la que no encontraba respuesta y que ni siquiera sabía cómo formular, precísamente aquello que buscaba desesperadamente, no estaba en otra parte, sino en mí.

Tú no eres otro que yo. Tú eres el yo que siempre he querido ser. Ahora, por fin, yo soy tú, y tú eres yo. Ahora, por fin, comprendo que ese hueco nunca fue un hueco. Comprendo que esa angustia no era otra cosa que tu desgarrador grito intentando llamar mi atención. Comprendo que no encontraba respuesta porque no existía ninguna pregunta que no supiera formular. Ahora comprendo que fue un sinsentido buscar fuera aquello que está dentro.

Te he encontrado. Me he encontrado. Finalmente he alcanzado ese equilibrio perfecto, inmutable  y eterno. Y lo mejor es que ahora sé que no hay nada, absolutamente nada, que pueda arrebatarme de nuevo este equilibrio.

Sé quién soy. Creo en mí.